Opinión

El vestido de Cristina Pedroche y el cuento de Julia Roberts

Cristina Pedroche posando con su vestido de las campanadas
Mercedes Serrato
Escrito por Mercedes Serrato

Hay un sarcástico dicho popular que sentencia “Año Nuevo, vida vieja”, y parece que algo así nos está pasando con Cristina Pedroche y su tradicional polémico vestido de la retrasmisión de las campanadas.

Las opiniones no se hicieron esperar. Las redes sociales ardían con el deporte más popular en España, opinar. De la marabunta de posicionamientos, insultos, chistes y cuñadismos varios que se podían leer, podemos separarlos en dos bloques básicos:
De un lado, tenemos el discurso de que una mujer puede ponerse lo que quiera, que la libertad femenina pasa por ahí, y que se trataba de un gran acto relacionado con la moda.

De otra parte, en el polo opuesto, argumentario de la decencia, acusaciones de corte moral a la presentadora, e incluso, mujeres afirmando con rotundidad que Cristina Pedroche avergonzaba al resto de la población femenina mundial.

Pobre Cristina Pedroche, si fuera Julia Roberts enamorada, la sociedad la juzgaría menos. Clic para tuitear

La cuestión es bastante menos importante, y a la vez más compleja de lo que se nos ha vendido.

¿Apelar a la libertad de la mujer? Podría ser, aunque es un axioma complejo, de hecho, en los últimos años es muy recurrente en las investigaciones feministas el denominado como “Paradigma de la libre elección”. La elección de la mujer será libre en función del contexto en que esta viva y se desarrolle a todos los niveles.

En este caso, nos situamos en la televisión de España; un contexto que pese a excepciones, no se destaca por sus valores igualitarios, ya que desde la mayoría de presentadoras de informativos hasta las participantes de Mujeres, Hombres y Viceversa, podemos observar como abundan estereotipos de feminidad sexualizada.

La capitalización de los medios audiovisuales funciona con un esquema muy concreto, hacen falta buenos datos de audiencia para ser un atrayente escaparate magnético para anunciantes. Teniendo claro ese mecanismo básico, la lucha por los buenos datos se convierte prácticamente en un “todo vale” de luces, colores, y demás artificios atrayentes. ¿Hay otras formas de conseguir audiencia sin pasar por el camino que venimos trazando? Pues claro, pero si se imponen determinadas líneas y resultan efectivas a la vez que rápidas, con poco coste y altos beneficios, no se van a cambiar.

El vestido de Pedroche es un diente más de una rueda que lleva demasiado tiempo girando como para que Cristina cargue sola sobre sus hombros con todo el peso del heteropatriarcado; al fin y al cabo, la polémica de su atuendo está pasando a ser una tradición, y los datos de audiencia confirman que la estrategia es efectiva. Económicamente tampoco habrá salido mal la historia, pues la marca líder de refrescos a nivel mundial no iba a patrocinar el momento a cambio de nada.

El sesgo de Género de la capitalización de los medios audiovisuales, que lo hay, es que si esto fuera la estética por la estética, a Pedroche la habría acompañado un pedazo de tío a la altura de lo que los ideales de belleza masculina dictan. Pero no, los hombres pueden ser mayores, no estar en su normopeso o por debajo de él, e incluso, ser un poco brutos. Chicote era el partenaire adecuado, porque al público le gusta ver carne y a gente campechana, en ese orden.

Al menos, las redes sociales nos regalan memorables bromas como esta, porque si no nos reímos no nos queda otra.

¿Y la cuestión de la moda? Hay quien aducía que todo respondía a un asunto de moda, y que sólo debía entenderse así la elección del vestido. Sintiéndolo mucho, parece que no, ya que el modelito es de todo menos novedoso; para muestra, estas fotos.

Si la firma encargada de vestir a la presentadora quería rendir tributo a Galiano, aceptaremos pulpo como animal de compañía, pero en principio, el asunto parece que va más por otros derroteros.

El argumentario más moralista que convierte a Cristina en esa mujer traidora tiene también su parte divertida.
De un lado revela una cuestión algo dolorosa que con frecuencia se olvida: Una mujer no es feminista por el hecho de ser mujer.

Las mujeres no nacemos con un carné de feministas bajo el brazo, y es por eso mismo que el feminismo no excluye a los hombres, del mismo modo que el machismo no es únicamente una cuestión masculina, sino que se encuentra en toda clase de personas.

¿Pedroche perpetúa estereotipos sexistas? Parece que sí, y desde luego, no es algo positivo para la consecución de la igualdad, pero de ahí a culpabilizarla de todos los males del machismo, va un largo trecho de exageración, sobre todo teniendo en cuenta los factores contextuales comentados anteriormente.

Por otra parte, la apelación moralista cobró tres veces más gracia cuando al día siguiente, en plena efervescencia de comentarios y posts, se emitió la película de Pretty Woman.

Como por ensalmo, desaparecieron muchas defensoras de la dignidad femenina, que bien andaban a otra cosa, o bien estaban embelesadas comentando lo entrañable de la película que revolucionó el mito de Cenicienta.

Mandar a Pedroche a la hoguera por dejarse exhibir casi desnuda era una obligación que cada mujer debía cumplir. Encandilarse por la historia de la prostituta y el ejecutivo es ser sensible y femenina, según deduje mapeando redes sociales.

Obviamente, no es intencionado frivolizar con el debate de la prostitución, que anda dividido entre la legalización y la abolición de forma encarnizada; pero no deja de ser paradójico que una película que transmite valores sexistas más que cuestionables, pase por ser una de las mayores historias de amor del Siglo XX; algo así como un cuento de hadas urbano, un suceso deseable al que todas las mujeres deben aspirar.

Pobre Cristina Pedroche, si fuera Julia Roberts enamorada, la sociedad la juzgaría menos.

Que la cuestión era compleja, lo avisé al comienzo del artículo. ¿Por qué decía que era menos importante de lo que se vendía? No porque el asunto sea baladí, ni mucho menos. Es una cuestión de redirigir el foco. Las tintas, en su mayoría se están cargando con Cristina Pedroche, como si ella fuera la responsable de todo, olvidando que el vestido lo podía haber llevado ella o cualquier otra mujer con un cuerpo dentro de los cánones exigidos y disposición para ello. Podríamos estar hablando de ella como podríamos estar hablando de cualquier otra chica que hubiera cumplido las exigencias de Antena 3 feliz y contenta por conseguir un prime time.

Como dato curioso, en los tiempos en que se valora tanto el impacto en redes sociales; pasadas las doce, el TT internacional fue para “Cachitos de Hierro y Cromo”.

¿Quién se lo iba a decir a La 2?

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