Opinión

Valores: el elefante en la cacharrería política

Francisco Leon
Escrito por Francisco Leon

¿Qué tienen en común la negación del cambio climático, el libre mercado, la reindustrialización de la nación, la seguridad nacional y los impuestos bajos? Cuando alguien ve un programa conservador o neoconservador, parece sorprenderse de innumerables contradicciones internas. ¿Cómo alguien puede estar a favor de dar más libertad a los individuos a la vez que está en contra del matrimonio gay o del aborto? ¿O de ver a su país como el mejor del mundo y a la vez débil, corrupto y amenazado? La respuesta es clara: valores.

Un estudio sociológico de la Universidad de Cardiff y Climate Outreach acaba de arrojar unas conclusiones muy interesantes sobre la forma de encarar el cambio climático en el debate político. Para convencer al votante de centro-derecha británico de que el cambio climático es un problema real y las energías renovables una solución eficiente, no hay que perseverar en el argumentario tradicional de la izquierda, si no centrarse en dos mensajes:

  1. Un enfoque patriótico sobre el apoyo a la tecnología baja en carbón de Reino Unido
  2. Evitar el despilfarro de energía.

Sin duda alguna, nos parecerá increíble que la solución al cambio climático, que afecta a todos independientemente de nuestra ideología, dependa de ser persuasivo con un grupo de votantes dispuestos a apoyar determinadas políticas en virtud de sus creencias. No obstante, este fenómeno ha sido ampliamente estudiado, y entre estos estudiosos ha estado el profesor de Ciencia Cognitiva George Lakoff, de la Universidad de Berkeley.

En su libro No pienses en un elefante, George Lakoff nos transmite la importancia de enmarcar un discurso y de usar bien el lenguaje a la hora de trasmitir mensajes políticos. Pero lo que es más importante: insiste en la importancia de la moral del votante, que lo llevará a inclinarse más por un mensaje u otro más que por su ideología o condición social. Resumidamente, Lakoff sintetiza en dos las posturas morales: las del padre estricto (republicanos) y las del padre protector (demócratas), que todos hemos vivido más o menos en nuestra infancia.

Básicamente, el padre estricto es aquel capaz de castigar cuando las cosas se hacen mal, premiar cuando las cosas se hacen bien y no tiene en cuenta la opinión del niño, al carecer este de entendimiento suficiente para discernir qué le conviene. El padre es una autoridad moral que enseña a los niños la diferencia entre el bien y el mal, la disciplina y los protege de un mundo peligroso que quiere dañarlos. Lakoff pone como ejemplo el éxito de ventas entre los conservadores del libro Atrévete a castigar, de James Dobson, cuyo título es más que ilustrativo sobre su visión de la educación.

Es por eso por lo que en el imaginario político conservador de EEUU las subvenciones son vistas con malos ojos (son un premio a vagos y gandules) mientras que se idolatra a los hombres que empezaron de cero (el mito del emprendedor) al ser los que trabajaron duro y disciplinadamente para llegar a donde están. También se traduce a la política exterior, donde EEUU es el bueno, el estado adulto, que tiene que disciplinar a los estados que no son maduros, y malos (el Eje del Mal de la era Bush Jr). De hecho, el presidente Bush hijo, para invadir Irak, alegó que no necesitaban permiso de la ONU para esa invasión. Los adultos no piden permiso para actuar.

¿Tienen los progresistas valores? Por supuesto. Según Lakoff, los progresistas sustituyen esa visión del padre estricto por la de un padre protector, que busca la realización de su hijo a través de la libertad y la empatía. Básicamente, es el padre que guía al hijo y lo provee de oportunidades, pero siempre le deja elegir, y procura tomar decisiones de mutuo acuerdo con él. En resumen, sería el padre o madre (según Lakoff, en los progresistas la figura paterna carece de género) que dejaría a su hijo estudiar Filosofía en la Universidad sin llevarse las manos a la cabeza. Esto se encuadra con la visión de los progresistas de los programas sociales, y se pudo ver reflejado en la política exterior de Obama, donde se olvida del Eje del mal y llega a acuerdos consensuados con Irán o Cuba.

Explicado esto, y volviendo a las energías renovables en Reino Unido, ahora parece entender por qué no es importante lo que se dice, sino cómo se dice. El estudio parece concluir que no es tan importante imponer una narrativa sobre un determinado hecho; más bien recalca la importancia de lanzar mensajes diversos para convencer a los distintos grupos del electorado sobre asuntos que les conciernen.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • http://climateoutreach.org/resources/centre-right-study/?utm_campaign=shareaholic&utm_medium=twitter&utm_source=socialnetwork
  • Lakoff, George No pienses en un elefante 2007, Foro Complutense
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