Opinión

Tres ideas políticas para los tiempos de Instagram. Carta abierta a Eduardo Madina (I)

Pablo Iglesias
Fernan Camacho
Escrito por Fernan Camacho

Este documento está dirigido, por un lado, a militantes del PSOE, que ni huérfanos ni disidentes, sí se han sentido a veces abandonados y dispares respecto a la opinión de los órganos decisivos. Por otra parte, de llegar este ensayo a la cúpula, estaría encantado de que fuera motivo de debate, discusión y, si lo tienen a bien, contestación posterior.

El objetivo principal, pues, es alejarme de la ironía y el sarcasmo con el que habitualmente comento en columnas de opinión la situación del partido en el que milito y contribuir a un debate ideológico y no de liderazgos. Al ser Eduardo Madina, respetadísimo compañero, el autor de la ponencia marco, no merece menos que la dirección de esta “carta abierta”. Vaya a él, entonces, con cariño, respeto y admiración.

Eduardo Madina, como digo, se centra en estos momentos en realizar la propuesta política del PSOE de cara al Congreso. La primera propuesta es interesante, la vimos hace meses, consiste en “copiar” el sistema de elección parlamentaria de Asturias y País Vasco en el que se puede presentar más de un candidato a la Presidencia y el resto de la Cámara puede elegir a uno de los dos, pero no abstenerse.

Me gusta este concepto de sistema por su pro-positividad. La posibilidad de que se presente quien quiera me parecería algo alocada, pero el hecho de que haya que elegir uno u otro sin posibilidad de votar en negativo me parece estabilizador. En resumidas cuentas, me parece un sistema equilibrado.

La abstención y la renuncia del marxismo

La Editorial Ayuso publicó en 1976 una segunda edición del número siete de una serie llamada “Biblioteca de textos socialistas”, cuyo título reza: Pablo Iglesias, escritos 1. Reformismo social y lucha de clases y otros textos.

En este contexto, Pablo Iglesias (el único e irrepetible) desarrolla desde el marxismo previo a Suresnes su concepción de la sociedad. Antes de mis tres propuestas, creo conveniente objetar de la negación total del marxismo, puesto que el conjunto de ideas de Marx parece ser repudiado incluso como fuente primitiva de cualquier idea económicamente igualitaria. Si bien la socialdemocracia tiene por objeto una combinación que antes de los sesenta carecía de sentido (la de la democracia liberal por un lado y la de la propiedad colectiva de los medios de producción por otro), hoy en día esa combinación es plausible. Sin embargo, el objetivo marxista de empoderar a la clase obrera mediante la justicia social y la meta de caminar (la meta de llegar me parece onírica) hacia la no-necesidad de un Estado, me parecen del todo irrenunciables. Eso sí, si bien la primera es imaginable, el hecho de avanzar hacia la no-necesidad del Estado bien daría para otro ensayo, por lo que, si me permiten, para otro ensayo la dejaré.

En estos tiempos de falacias ad hominem, es preciso recordar de dónde venimos. El hecho de que una propuesta social sea traída al debate por la militancia puramente marxista no le quita valor. Las propuestas, propuestas son, y como tal han de valorarse.

Las tres ideas políticas para los tiempos de Instagram

Dadas las circunstancias previas, Pablo Iglesias escribe El programa de nuestro partido. Tras una serie de considerandos, observa: “Que la sujeción del Proletariado es la causa primera de la esclavitud en todas sus forma: la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política (…)”.

Primera: La miseria social

Estos tres puntales han de conformar los pilares del programa del PSOE de hoy en día con las consideraciones de nuestra contemporaneidad. El aras de precisar, el término esclavitud hoy ha de ser sustituido por precariedad y la clase obrera, el Proletariado, hoy tiene más nombres: Mujeres, colectivo LGTBI, Refugiados… Todos estos grupos forman parte de la misma clase y he ahí nuestra primera objeción a otros partidos: Todos estos grupos son los oprimidos y es a ellos a quiénes nos tenemos que dedicar. Una de las recetas primarias es acabar con el paro con empleo de calidad. El neoliberalismo ha logrado a este respecto que se estanque el porcentaje de paro. No tendría más que comentar aparte de la malicia obvia, no obstante, el hecho de que siempre haya gente en el paro produce conformidad en la población trabajadora: Deben aceptar lo que sea porque siempre hay alguien dispuesto a aceptar cualquier condición para trabajar.

Por ende, entiendo que miseria social es hoy la pura pobreza, que es estructural y a su vez transversal a la sociedad: La mujer que es mujer y es pobre, se ve dos veces oprimida; la mujer que es mujer, homosexual y pobre, tres; la mujer que es mujer, homosexual, pobre y migrante, cuatro (para saber más sobre esta afirmación, les animo a leer sobre feminismo interseccional).

Hoy nuestra posición al respecto de los medios de producción ha de ser también contemporánea. En este sentido, debemos conjugar la libertad individual con los derechos colectivos, lo cual jamás ha sido sencillo. Nuestra misión ya no es la propiedad colectiva, sino la propiedad equilibrada y la participación de ella. Quien emprende, arriesga el capital ganado previamente con su esfuerzo y desarrolla un trabajo del cual también se aprovechan unas trabajadoras que, de una forma irrenunciable, han de tener unas condiciones de trabajo dignas y negociadas colectivamente de forma que ésta sea una posición de poder equivalente a la de la patronal. Debemos, pues, respetar a la emprendedora, apuntalar los derechos laborales y considerar a la propiedad privada como una institución propia de un sistema libre, democrático y de derecho.

No obstante, es necesaria una puntualización: es falsa la comprensión neoliberal de que es la emprendedora quien crea riqueza. La riqueza la crean conjuntamente y de forma equivalente entre la emprendedora y la trabajadora, pues es una obviedad que si la asalariada no trabajase, no habría frutos posibles; es por ello que se debe favorecer el trabajo cooperativo (es decir, el trabajo sostenible económicamente que permite a las asalariadas participar del beneficio que genere su trabajo a través de la empresa) y no el competitivo (aquel en el que la clase trabajadora se ve abocada a rebajar su nivel adquisitivo para competir con otras obreras, ya sea en el mismo Estado o de forma internacional). Para ello el esfuerzo educacional ha de verse triplicado, pues, como diremos luego, no estamos siendo educados para cooperar, sino para competir; del mismo modo que la emprendedora no está siendo educada para otra cosa que no sea el beneficio exponencial, sin tener en cuenta el bienestar de las trabajadoras de las cuales depende su actividad empresarial.

En cuanto a la libertad económica, en una poética que no viene al caso sino para ejemplificar, cabría preguntarse en qué casa ejerce la libertad económica un vagabundo.  La libertad económica individual está directamente correlacionada con la libertad económica del resto: no se puede garantizar la libertad económica de la clase obrera si no tienen economía como tal; tampoco se puede decir que la emprendedora sea libre con una planificación total de la actividad económica, es más, esa parte de libertad también forma parte del libre desarrollo de las personas, pues toda la ciudadanía merece dedicarse a lo que le guste, ya sea la industria textil o la musical. En el equilibrio cooperativo entre el esfuerzo de trabajar y el esfuerzo de haber emprendido está la virtud de una economía sólida y del bienestar social.

Y, volviendo a la forma de trabajo, todo esto es más libre desde la cooperación. Como dijo Alfonso Guerra, no ha de pretenderse acabar con los riqueza, sino con la pobreza, en base a eso, se puede generar riqueza desde el emprendimiento conjunto, desde la cooperación organizada, saliendo así de la disyuntiva Estado versus Mercado, aprovechando las ventajas que ofrece el libre mercado y las garantías que la cooperación ofrece per sé. Esta es una forma de adaptar la propiedad colectiva de los medios de producción en el concepto marxista, rígido y demostradamente terco, a los tiempos que vivimos en los que la propiedad privada del individuo es algo irrenunciable; al contrario, es una forma flexible, libre y democrática de proceder en la cual la justicia toma parte en todos los sentidos.

En resumen, el Estado debe encontrar el equilibrio entre no obstaculizar el emprendimiento y la justicia social del empleo y, a su vez, favorecer el emprendimiento cooperativo por su conjugación de ambas cosas, entendiendo que, si bien es lo deseable, también es harto complicado por la multitud de poderes que rodean al propio poder.

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