Opinión

Super Social Sciences: ¿Es Batman un fascista?

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Escrito por Colaboradores

Publicado originalmente por Fernando Bajo en The Social Science Post.

Este artículo pretende ser parte de una serie de análisis desde una óptica de ciencias sociales y políticas a elementos de la cultura pop, como cómics, series o películas, para tratar de desarrollar la capacidad crítica a la vez que discutimos temas de actualidad

¿A quién no le gusta Batman? En internet, solo los videos de gatitos y de pifias dolorosas generan más interés que este superhéroe. Tanto es así que recientemente le hemos podido ver tomando el control de una película que supuestamente le pertenecía a su compañero de capa, Superman, consiguiendo incluso aparecer antes en el título.

Esta nueva película ha encontrado un público dividido a niveles casi ridículos y una crítica casi inequívocamente en su contra. Gran parte de los problemas que críticos y fans decepcionados encuentran con la película es que los personajes están presuntamente mal caracterizados, lo que ha propiciado una miríada de artículos que tratan de diseccionar a los personajes para averiguar qué hace que Batman sea Batman.

Al margen de la película y de las críticas, queremos aprovechar esta ocasión para cuestionar una acusación que surge a menudo cuando se discute al Hombre Murciélago: ¿Es Batman un fascista?

Aunque pueda chocarnos inicialmente semejante afirmación, si nos paramos a pensarlo no cuesta tanto ver cómo puede llegar a pensarse tal cosa. El personaje de Batman es un ciudadano que trasciende de la legalidad y los principios democráticos de la sociedad donde vive para tratar de imponer su propio orden haciendo uso de la violencia, en muchos casos extrema.

Antes de proseguir cabe definir qué entenderemos por fascismo a la hora de decidir si Batman representa efectivamente unos valores autoritarios.

El fascismo es un régimen político autoritario nacido en la década de 1920 en Italia de manos de Mussolini, exportado posteriormente a otros países como Alemania, Austria o España, donde fue adaptado en mayor o menor medida. Existen muchísimas fuentes muy buenas para informarse sobre el fascismo, pero para evitar alargar innecesariamente el artículo voy a destacar solo algunas definiciones que pueden ser usadas para estudiar un personaje como Batman.

Una buena definición la encontramos de manos de Robert Paxton. Para este autor, el fascismo es: “una forma de comportamiento político marcada por la obsesiva preocupación por el declinar, humillación o victimismo de la comunidad, así como por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en los que un partido de masas o un conjunto de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en difícil pero efectiva colaboración con las élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue, con redentora violencia y sin restricciones éticas o legales, metas de limpieza interna y expansión externa”.

Michael Mann nos introduce dos principios interesantes, uno siendo el objetivo de pureza o limpieza de la nación, y el otro siendo el uso de valores paramilitares por parte de los fascistas. Para el sociólogo, el fascismo es la búsqueda de una nación – estatismo trascendente y puro a través de tesis paramilitaristas. Para Mann, esta es la clave: el uso de la fuerza extra legal durante su ascenso.

Especialmente interesante es la tesis de Ernst Nolte, que afirma que el fascismo es una teoría de contraposición (reaccionaria), que se opone frontalmente a algo (el marxismo) pero que ideológica y metodológicamente es muy similar.

Por último, si leemos el ensayo de Umberto Eco “Fascismo Eterno”, encontraremos una lista de elementos del fascismo que quizás nos recuerden demasiado a nuestro héroe enmascarado. Entre estos puntos destacaremos la primacía de la acción, el vitalismo y la obsesión con una narrativa de agresión.

Si hemos definido que el fascismo se caracteriza por una preocupación obsesiva por la seguridad, una invasión de la privacidad del individuo, una primacía de la acción y la fuerza, una glorificación de valores paramilitares, y el uso de ideologías y metodologías similares pero enfrentadas a las de los presuntos enemigos, ¿cómo demonios sacamos a Batman del saco?

Batman es indudablemente alguien obsesionado con la seguridad. No por nada se suele entender que Batman nace en el mismo momento en el que los padres de Bruce Wayne son asesinados ante sus ojos. Todo el entrenamiento ninja y detectivesco posterior son secundarios; a todos los efectos el personaje de Batman nace cuando Bruce Wayne decide que nunca nadie más sufrirá lo que él se vio obligado a sufrir.

Batman es alguien que frecuentemente usará la violencia y romperá las leyes, aunque lo haga para enfrentarse al crimen. En ese respecto es bastante acertada la lectura de Nolte sobre el choque de metodologías similares pero enfrentadas. Batman es, indudablemente, un criminal, violando leyes y libertades individuales de forma casi sistemática para poder “proteger” a los ciudadanos de Gotham.

Otro aspecto importante es que Batman representa una exaltación de la acción, lo que Umberto Eco caracteriza como “Azioni in modo l’unadall’altra”. Bruce Wayne podría contribuir a resolver muchos de los problemas con programas de inversión e iniciativas sociales de forma más eficaz que gastando millones en un “bati-avión” o “bati-submarino” (¿batiscafo?), pero no obstante decide ponerse mallas y romper las mandíbulas de personas medicamente discapacitadas mentalmente.

Batman no es el estado, pero en muchos aspectos representa el status quo. No nos referimos únicamente a su estatus de rico: Wayne Enterprises, la fuente de su fortuna, es uno de los principales pilares económicos y sociales de la ciudad. En la extensa mitología de Batman, los Wayne se identifican siempre como una de las principales familias de Gotham. Bruce Wayne no es un mero ciudadano más, si no parte de la élite económica e incluso política de la ciudad (en los comics no han sido pocas veces que Bruce Wayne ha ocupado cargos públicos, aunque siempre de forma fugaz).

Es difícil discutir también el punto sobre la estética paramilitar. Uniformes, vehículos, armamento, Batman a veces parece tener más que ver con un NavySeal que con su compañero Superman, con sus calzoncillos rojos. En la aclamada trilogía de Nolan la inmensa mayoría de cachivaches del Murciélago provienen de un departamento enfocado en crear tecnología militar.

En definitiva, Batman es una persona que busca la “purga” de los criminales en pro de una sociedad más segura, frecuentemente empleando la violencia y trascendiendo límites legales para lograrlo. ¿Podemos afirmar entonces que Batman es un fascista?

Aunque haya multitud de elementos que así lo indiquen es difícil considerar que Batman sea un fascista.

Al igual que antes definíamos qué entendíamos por fascismo, tenemos que considerar el personaje de Batman. Los cómics de superhéroes son un género muy particular, con muchísimas interpretaciones de un personaje conviviendo en un confuso canon. Cientos de autores contribuyen a crear un superhéroe, cada uno con su propia visión, de tal forma que es difícil a veces saber de qué estamos hablando.

¿Qué hace que Batman sea Batman? Ahí radica la clave de la discusión. Para muchos, Batman es una persona determinada a acabar con el crimen en su comunidad, proteger a aquellos que el sistema no puede proteger. Batman no puede corromperse, no puede ser detenido y no tiene límites. O, si escuchas a la gran mayoría de autores que han trabajado con Batman, te dirán que sí hay un límite: Batman no mata.

Aunque Batman hace una distinción clara entre víctimas y criminales, estos últimos no son personas sin derechos para él. Batman no mata. Es juez y jurado, pero no verdugo. Batman siempre se asegura de que los criminales acudan a la justicia. No importa cuántas veces tenga que parar al Joker, siempre intentará que pague de forma judicial por sus actos.

Batman tampoco usa armas y no lo hace no porque sus padres murieran a manos de una pistola. Se niega a usar armas porque el único propósito de un arma es matar, mientras que el propósito de Batman es evitar el crimen. Se trata de un elemento fundamental. Este rasgo es clave para entender al personaje.

Su renuncia explícita a las armas y a quitar una vida así como los elementos más teatrales de su disfraz y persona son una bofetada en la cara a la interpretación distorsionada y sádica que los fascistas tenían de los valores militares.

Aquellos que discuten que Batman podría hacer más como Bruce Wayne que como hombre murciélago frecuentemente ignoran que, de hecho, ya lo hace. Desde 1964 la Fundación Wayne ha sido un elemento fundamental en las historias de los comics de Batman. Desde esta fundación benéfica el personaje trata de conseguir inducir el cambio en la sociedad como alternativa a su papel como superhéroe.

Frecuentemente sus iniciativas van destinadas a la inversión en el sistema penitenciario y de salud mental de la ciudad, tratando de evitar que aquellas personas que Batman envíe a la cárcel (o al sanatorio) no continúen como criminales.

Salvo en algunas historias muy concretas, Batman no trata de imponer ningún modelo social. Su cruzada es la de un solo hombre frente al mundo. Como hemos mencionado, la persona bajo la máscara es parte del status quo. Si Bruce Wayne concurriera a elecciones, podría fácilmente hacerse con el control de la ciudad. No obstante no lo hace y esta renuncia al poder es fundamentalmente anti-fascista (que se caracteriza por usar la violencia para hacerse con el poder).

Otro aspecto importante es el mundo en el que vive Batman. Por un lado Batman existe en una ciudad corrupta en sus entrañas, un verdadero “estado fallido” en miniatura, donde el poder está firmemente en las manos de los criminales. En los comics la narrativa de la lucha contra el crimen de Batman no es una táctica populista para extender el miedo entre los ciudadanos, es un hecho que debe ser combatido.

Así mismo, Batman vive en un mundo con payasos asesinos, alienígenas ultrapoderosos, hombres cocodrilos y anillos de poder. El orden democrático normal no puede ajustarse a esta realidad, y Batman surge como una necesidad, alguien con los medios y la voluntad de enfrentarse a estos problemas.

Y lo que es más, tanto con máscara como sin máscara Batman trabaja activamente por mantener ciertos elementos del estado democrático funcionando, incluso aquellos diametralmente opuestos a la mentalidad fascista, como los principios de reinserción.

Si, como afirmamos, muchos de los valores nucleares del personaje son marcadamente antifascistas, ¿por qué hay quien piensa que Batman es fascista?

A lo largo de los años hemos tenido muchas interpretaciones de Batman. Tristemente, algunas de estas han tendido más hacia una interpretación de tonos fascistas del personaje, como la universalmente amada “El Regreso del Caballero Oscuro”. En esta obra Batman no duda en hacerse con un ejército, un tanque y enfrentarse abiertamente al estado haciendo uso de la violencia paramilitar para instaurar el orden.

El problema es que esa interpretación del personaje se convirtió en una de las más aceptadas y conocidas en la comunidad de fans, permeando en el trabajo de muchos de los autores que vinieron después incluso aun cuando el autor, Frank Miller, haya mostrado una deriva algo preocupante en muchos de sus trabajos (Holy Terror: Terror sagrado, Sin City, etc.). La seriedad de los temas se confundió con la necesidad de incorporar más violencia, empujando al personaje a una mayor ambigüedad moral.

Este alejamiento de los límites morales también tiende a darse en las adaptaciones cinematográficas del personaje. En la gran pantalla el Hombre Murciélago no dudará en matar a criminales y super-villanos por igual. Ningún Batman cinematográfico tiene sus manos limpias, salvo quizás el Batman de Schumacher, y todos sabemos lo bien que acabó eso.

Batman es un personaje fluido y adaptable que representa tanto valores muy discutibles como otros muchos positivos. Las limitaciones y necesidades de los medios donde mora (comics, películas) obligan a hacer ciertas concesiones a la acción y al conflicto del personaje, pero la lectura final de Batman depende tanto de la imaginación de los autores de turno como del sentido que en ellas encuentren los lectores.

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