Opinión

Sócrates y la Democracia Corinthiana

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Escrito por Colaboradores

Por Enrique Roldán

El fútbol, ese deporte que genera miles de millones de euros, que está presente en las programaciones televisivas durante prácticamente todos los días de la semana y que es capaz de generar sentimientos que ni siquiera el aficionado de un equipo concreto es capaz de explicar, fue capaz de dar una lección de democracia y autogestión colectiva a la Brasil dictatorial de inicios de los años 80. Sin embargo, si giramos nuestra mirada hacia el mundo de fútbol actual; en el que las ligas españolas española e inglesa tienen nombre de banco, donde hay jugadores que en un solo año van a obtener más ingresos que los que la gran mayoría de nosotros aspiramos a recibir en nuestra vida, donde se firman contratos en los que prima más lo económico que lo deportivo y donde, en definitiva, se están perdiendo los valores que llevaron al fútbol a ser un gran movimiento de masas, parece imposible que hace poco más de 30 años un equipo de fútbol plantase cara a una dictadura y fuese inspiración para un país entero. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió en una Sudamérica plagada de dictaduras militares; hablamos del Corinthians brasileño, hablamos de la “Democracia Corinthiana”[1].

Pero antes de explicar la experiencia corinthiana, debemos establecer unas líneas históricas que nos permitan saber en qué contexto nos movemos. Es necesario remontarse a 1961, cuando Joao Goulart, perteneciente al Partido Trabalhista Brasileiro, llega a la presidencia del país y apuesta por una política en la que, marcada por el acercamiento a la Unión Soviética, se hacía fundamental una mayor participación del Estado en la economía para desarrollar las políticas agrarias y educativas que se pretendían. Pero Brasil correría la misma suerte que muchos de sus países vecinos y solo tres años después de la victoria democrática del Partido de los Trabajadores de Brasil tuvo lugar un golpe de Estado que acabó con el experimento progresista y colocó a los militares en el poder. Unos militares que a principios de la década de los  80 seguían dirigiendo los designios de los millones de brasileños; aunque como consecuencia de la pérdida de apoyo internacional, el régimen se veía obligado a ceder en determinadas parcelas y lanzar mensajes de aperturismo, siendo un ejemplo de ello la celebración de elecciones, pero unas elecciones en las que el sufragio no era directo, donde el proceso estaba controlado por una comisión electoral y donde por lo tanto, la victoria de los candidatos opuestos a los militares, era inviable.

Es en este contexto donde comienza a fraguarse la Democracia Corinthiana. El Sport Club Corinthians era uno de los grandes equipos brasileños, de hecho lo sigue siendo hoy en día, pero en los últimos 25 años solo había obtenido dos títulos, unos resultados muy pobres para un equipo que por historia y seguidores se veía obligado a luchar por todos los títulos que disputase. Sin embargo, Waldemar Pires accede a la presidencia del club en 1981 y decide contratar para el puesto de “Director General de Fútbol” a Adilson Monteiro Alves, un ex militante universitario y sociólogo que sentaría las bases de la Democracia Corinthiana, una experiencia que, a pesar de los esfuerzos de Adilson Monteiro, no se habría desarrollado sin la presencia en el equipo de cuatro jugadores fundamentales: Walter Casagrande, Zenon de Sousa, Wladimir Rodrigues y uno de los futbolistas más grandes que ha dado la historia del fútbol: Sócrates.

Apartarnos por un momento de la experiencia corinthiana y dedicar unas palabras a Sócrates es completamente necesario, ya que sin Sócrates, probablemente no se habría desarrollado lo que aquí estamos contando. Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira fue sin duda un jugador atípico; del mismo modo que demostraba calidad con cada pase que daba en el terreno de juego, con cada taconazo que generaba una jugada imposible o con cada gol que besaba las redes sin que el portero contrario pudiese hacer nada al respecto, había conseguido licenciarse en medicina; un hecho insólito para un futbolista de su época, y que se complementaba con su interés por la filosofía, el arte, la cultura y la política, un cúmulo de factores que propició que recibiese el apodo de El Doctor.

Como hemos apuntado, Sócrates fue uno de los grandes promotores de la Democracia Corinthiana, un modelo de autogestión que se organizaba mediante la celebración de asambleas; unas asambleas en las que el entrenador, el presidente, la estrella del equipo y el utilero tenían el mismo poder: el voto. En dichas asambleas se decidían los horarios de los entrenamientos, la celebración de concentraciones antes de los partidos, las partidas presupuestarias, fichajes y salidas, continuidad del entrenador, etc. Se trataba de una situación revolucionaria y sin precedentes en el fútbol, algo que se deduce de las propias palabras de Sócrates: “Abolimos el proceso que existía en el fútbol, donde los dirigentes impedían que los jugadores se hicieran adultos. Al inicio hubo ansiedad en mis compañeros, que no estaban acostumbrados a expresarse, a decidir. Pero fueron aprendiendo y se prepararon para enfrentar su profesión y si vida”. También dijo el gran Sócrates que “cuando entrábamos a la cancha, jugábamos mucho más que en un simple partido. Luchábamos por la libertad en nuestro país”. Quizás fue esto lo que llevó al Corinthians a proclamarse campeón del Campeonato Paulista[2] en 1982, algo que fue acompañado, como consecuencia de la buena gestión, de la obtención de unos beneficios económicos que sirvieron, no solo para pagar las deudas del club, sino para obtener un superávit de 3 millones de euros de cara a la temporada siguiente.

Pero los ideólogos de la Democracia Corinthiana no se limitaron a establecer una gestión democrática del club, sino que comenzaron a participar activamente en la política del país. El propio Sócrates solía jugar con una cinta en la cabeza que adornaba con mensajes políticos, pero el club dio un paso adelante y decidió apoyar la candidatura a gobernador de Sao Paulo de un declarado aficionado del Corinthians, Jose Inazio Lula da Silva, quien a la postre sabemos que llegaría a convertirse en Presidente de Brasil. De este modo, durante la temporada de 1983, los jugadores del Corinthians llevaron mensajes en su camiseta que, desafiando a la dictadura, exhortaban a los ciudadanos paulistas a votar a las elecciones a Gobernador. Sin embargo, esto solo fue el primer paso, ya que la mayor muestra de activismo político estaba aún por venir.

El senador Teófilo Varela inició un movimiento llamado Diretas Já que buscaba la celebración de elecciones con sufragio universal y directo para la elección del Presidente de Brasil. Los cuatro grandes futbolistas del Corinthians, Sócrates, Vladimir, Zenon y Casagrande, tomaron parte en las manifestaciones populares, llegando incluso a subir al estrado tras una de las manifestaciones y pronunciar un discurso delante de un millón de brasileños que abarrotaban las calles de Sao Paulo. Sin embargo, el hecho más relevante tuvo lugar en la final del Torneo Paulista de 1983, una final que enfrentaba a dos eternos rivales, el Corinthians y el Sao Paulo. El Timao, sobrenombre con el que se conoce al Corinthians, saltó al terreno de juego con una gran pancarta que rezaba lo siguiente: “Ganar o perder, pero siempre con Democracia”. El estadio, repleto de aficionados, enloqueció, y los gritos de anhelo democrático resonaron a lo largo y ancho de todo el país. Espoleados por la afición, el Corinthians ganó con gol de Sócrates, el Timao y El Doctor, no solo entraban en la historia, sino que se convertían en leyenda.

En 1984 Sócrates declaró que abandonaría Brasil si el Parlamento no aprobaba la celebración de elecciones directas; y a pesar de que la mayoría de la Cámara votó a favor de la celebración de las mismas, no se alcanzaron los dos tercios necesarios para su aprobación. Sócrates cumplió su amenaza y abandonó el país rumbo a la Fiorentina, comenzando así el principio del fin de la democracia corinthiana. El astro brasileño, quien dijo que “el fútbol se da[ba] el lujo de permitir ganar al peor” y que por lo tanto no había  “nada más marxista o gramsciano que el fútbol”, acabó muriendo en 2011 víctima de una cirrosis provocada por años de adicción a la bebida. El espigado futbolista que midiendo 1’91 y teniendo un 37 de pie llegó a marcar incluso penaltis con el tacón, había dicho en 1983 que quería morir en domingo y con el Corinthians campeón; murió un domingo por la mañana y esa misma tarde el Corinthians ganó el Torneo Paulista, cosas del destino, un destino que le dio a Sócrates un final digno de la leyenda en la que se convirtió aquel día que, como máximo exponente de la Democracia Corinthiana, revolucionó a un estadio que ansiaba, incluso más que la victoria de su equipo, la llegada de la democracia.

[1] Este término fue acuñado por el publicista Washington Olivetto, quien lo escuchó al periodista Juca Kfouri, amigo personal de jugadores del Corinthians.

[2] El Torneo Paulista es una competición en la que participan los equipos del Estado de Sao Paulo.

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