Nos jugamos la libertad

El próximo día 21 Cataluña va a votar. Un día antes de la lotería de navidad y dos del clásico. ¡Menuda Nochebuena nos espera! Seguro que no nos aburrimos, porque el tema es de bastante enjundia. Aunque sean unos comicios formalmente autonómicos, realmente son una prueba de fuego para Cataluña, España y la libertad de los individuos.

Por primera vez en la historia de España, un Gobierno ha tenido que aplicar el art. 155 de la Constitución y convocar forzosamente unas elecciones autonómicas. La culminación del procès con la DUI fue la gota que colmó el vaso de la paciencia política de Rajoy, que no fue capaz de aplicar la Constitución hasta que no vio que la situación llegaba al límite. Tanto ha sido este límite que, de momento, tenemos a unos cuantos ex Consejeros encarcelados preventivamente y al ex Presidente fugado, por no hablar de los Jordis. Los magistrados de la AN y el TS no han dudado en que los delitos que se les imputan son de suma gravedad, y que el riesgo de fuga y reincidencia es patente. Ni más ni menos que dieron un golpe de Estado. Casi nada.

Pues en este clima de máxima tensión política, los catalanes tienen la oportunidad de decidir –esta vez de verdad- si quieren seguir por el camino de la independencia y avalar las actuaciones del Gobierno cesado, o si prefieren dar su confianza a las fuerzas constitucionalistas.

Ante esto, desde mi punto de vista los dos escenarios más probables que se plantean son los siguientes.

Escenario 1: victoria sin mayoría absoluta de las fuerzas independentistas

Que alguna fuerza política independentista alcance la mayoría absoluta parece difícil. Entre los separatistas el voto parece estar bastante fragmentado, aunque ERC parece ser la fuerza política con más posibilidades de obtener un mayor número de escaños, seguidos por Junts per Catalunya y las CUP. Así lo reflejan las encuestas hechas hasta la fecha.

En caso de que no se obtuviera la mayoría absoluta, tendrían los independentistas dos problemas no menores que arreglar:

  1. Sus desavenencias internas: es evidente que desde el autoexilio de Puigdemont a Bruselas las tensiones entre los ex socios de Gobierno son cada vez más grandes. Los ex consejeros encarcelados entienden que esta maniobra les ha perjudicado procesalmente, lo que ha hecho que las posturas se alejen bastante. Pero, por si esto fuera poco, ya se oyen voces entre las filas independentistas que piden abandonar la vía unilateral y buscar un pacto a toda costa con el Estado español. Por supuesto, las CUP rechaza toda opción de bilatetarilad y aboga por una ruptura firme e inmediata con el Estado. No parece fácil que entre ellos se vayan a poner de acuerdo para formar una coalición de Gobierno como en la legislatura anterior.
  2. Necesitarán un partido bisagra que les de la mayoría absoluta, o al menos se abstenga en la segunda votación para permitir la formación de un Gobierno en minoría. Viendo los partidos y las encuentras, lo más probable es que esa fuerza política sean los Comunes y Podemos (Si que es Pot en la pasada legislatura). Pero estos, a priori, no se declaran independentistas, aunque sí soberanistas. El requisito que estos pondrán por delante será el incremento del gasto político y social para poder dar el apoyo a la candidatura que sea.

Pero aunque sea difícil, no es imposible. Los escollos son muy fuertes pero no son insalvables, y no sería nada descabellado que tras las elecciones del 21-D volviera al Palacio de la Generalidad un Gobierno independentista.

Aquí el Gobierno central tendría un serio problema. Primero político, porque la estrategia de Rajoy de convocar las elecciones rápidamente para desinflar el soberanismo no habría funcionado, y sus votantes se lo tendrían muy en cuenta para las siguientes elecciones. Luego, también volveríamos al punto anterior a la aplicación del 155, pero con un Gobierno independentista validado por las urnas. La fuerza política y social con la que contaría ese ejecutivo sería tal que Rajoy tendría que plantearse muy seriamente dar su apoyo a una reforma (como poco) federalista de la Constitución, o dimitir.

También se nos plantearía un problema jurídico. Si el nuevo Gobierno autonómico no se mueve un pelo del marco constitucional y estatutario, la aplicación del 155 podría llegar a ser inconstitucional por no darse los requisitos exigidos en la norma. Un asunto bastante complejo de gestionar por un ejecutivo central que, como digo, quedaría bastante tocado.

Del plano económico casi que ni hablamos. Si con la aplicación del 155 el chorreo de fugas empresariales no se ha detenido (aunque sí ha disminuido la intensidad), no puedo imaginar un escenario de inseguridad económica mayor que aquél en el que los soberanistas volvieran a tomar el poder. No habría persona en su sano juicio que se decidiera a montar una empresa o invertir su capital en un proyecto radicado en Cataluña mientras el clima de inestabilidad política y jurídica fuera tan grande.

Escenario 2: victoria de las fuerzas constitucionalistas sin mayoría absoluta

Es el otro escenario más probable. Que, sin mayoría absoluta, los partidos llamados constitucionalistas obtengan la confianza de la mayoría de los ciudadanos. El partido que según las encuestas está más cerca de lograr arrebatar la victoria a ERC es Ciudadanos, seguido muy de lejos de PSC y PP, que ven como Inés Arrimadas consigue convencer al electorado de centro constitucionalista.

Pero, en caso de que se diera esta hipótesis, los partidos constitucionalistas tendrían que hacer frente a problemas análogos a los del escenario anterior:

  1. Discrepancias entre los partidos y falta de claridad en los apoyos. Hasta ahora, Ciudadanos y PP han dejado claro que apoyarían a cualquier lista constitucionalista (distinta de la suya) que ganase las elecciones para aglutinar una mayoría de Gobierno. Pero el PSC no ha sido tan tajante. Simplemente se ha limitado a afirmar que no apoyará bajo ningún concepto a los soberanistas y que no desea que se repitan las elecciones. Pero el apoyo no ha sido tan contundente como el que le ha dado Arrimadas al PSC en caso de que ganara.
  2. Al no conseguir mayoría absoluta, también necesitarían una bisagra. De nuevo, los Comunes y Podemos serían el partido con la llave del Gobierno. Y estos no parecen muy dispuestos a apoyar un bloque en el que se encuentran Ciudadanos y el PP.

Como vemos, el primer problema es salvable. Pero el segundo escollo, caso de producirse, sería una barrera infranqueable que imposibilitaría la llegada de Arrimadas a la Generalidad. Para evitar tener que recurrir al apoyo de la fuerza morada, sería imprescindible que entre las tres fuerzas constitucionalistas sumaran una mayoría absoluta que les permitiera formar un Gobierno estable y con apoyos. Cosa que, a día de hoy, las encuestas no parecen reflejar.

No obstante, caso de conseguir el acuerdo interno y una mayoría absoluta, en el hipotético supuesto de que este Gobierno constitucionalista se formara, Rajoy habría ganado la partida: primero, su estrategia de convocar apresuradamente las elecciones se habría mostrado victoriosa. Segundo, podría retirar ipso facto la aplicación del art. 155 y devolver la autonomía a los catalanes, con la fuerza política que ello tendría sobre sus votantes. Y tercero, desde la óptica económica, el clima de inseguridad generado por el procés se iría calmando paulatinamente hasta restablecerse la normalidad.

En definitiva…

En definitiva, en estas elecciones catalanas hay muchos intereses contrapuestos. La solución a día de la fecha no parece clara. Una victoria del bloque soberanista sería un duro golpe no solo para el Estado español como ente político. Lo sería para las libertades de los propios ciudadanos, que se verían subsumidas de forma rotunda bajo el aspirador del nacionalismo y la exclusión. Esperemos que, gane quien gane, tenga seny y mire por el bien de todos.