Opinión

Ménage à Trois interruptus

Jose Miguel Rojo
Escrito por Jose Miguel Rojo

El problema de que la utópica idea de Pedro Sánchez de unir al neoliberalismo de Ciudadanos con el socialismo postmoderno de Podemos en un mismo gobierno fracase, no es que el líder del PSOE cada vez esté más lejos de la tierra, sino el fracaso democrático de España como sociedad madura en esto del “gobierno del pueblo”.

La incapacidad de llegar a acuerdos y sumar consensos entorno a una base programática nos confirma que esta España mía, esta España nuestra, sigue presa del amor por el rodillo. Parece que todo escenario que no conlleve certidumbre nos es imposible de gestionar, de hecho, nos resulta pesado. Así, venimos confundiendo desde hace 36 años la democracia con un sistema de simplismo donde “no nos calientan la cabeza” con eso de la política, mediante una delegación continua de la responsabilidad en los políticos, poco controlados y dotados de amplios poderes.

Pedro Sánchez está centrado en ser Presidente, con quien sea, como sea y donde sea. Poco le importa la necesidad de que a la consistencia parlamentaria le acompañe una mínima consistencia ideológica: pacta con Ciudadanos, “la derecha 2.0” -le cito a él mismo-, no suma, intenta unir a Podemos, no asume intersecciones con los de Iglesias y después, acusa a todo el mundo de no querer pactar. Pedro Sánchez es un líder tremendamente condicionado por la élite de los viejos socialistas y por la amenaza perpetua de Susana Díaz, una lideresa  que empieza a ser casi tan caricaturesca para Sánchez como la invictus Aguirre para Rajoy.

Luego tenemos a Rivera que prometió apoyar siempre a la lista más votada pero que termina pactando con el PSOE porque el PP se quita de en medio, en contra de su naturaleza ideológica y electoral. Bueno, o no, tal vez sea el PSOE el que esté describiendo una deriva liberal. En cualquier caso, Ciudadanos dice que el 80% de su programa está garantizado en el pacto, sin embargo, Antonio Hernando (PSOE)  está empeñado en decir que el pacto refleja el 90% del programa socialista y uno se pregunta, ¿dónde está el fallo? Nadie quiere aceptar una cesión porque en la pobre visión de estos líderes de caduca altura, ceder es perder.

Rivera y Sánchez firman un acuerdo que las bases del segundo (de las del primero no tenemos noticia, por cierto), apoyan, eso sí, con una pregunta que no mencionaba a la formación de Rivera y con una abstención bastante reseñable. Este acuerdo de “gobierno” que no suma para un “gobierno”, necesita de una tercera fuerza  a la que los primeros no pueden ni ver (se supone que jugábamos a no poner líneas rojas pero, en fin) e incluso prefieren elecciones antes que ver a Iglesias en los sillones azules del Congreso. Los terceros, inmersos en una conflicto interno que pone en evidencia la complejidad de este movimiento que parece tener dificultades para mantenerse unido fuera de la vorágine electoral, se niegan a ceder con Ciudadanos, presionando así unas elecciones, al igual que lo hace Rivera y Pedro Sánchez y Rajoy, este último está consiguiendo desmoronar a todos los actores políticos contrarios con el poderoso hecho de no hacer nada y esperar que el de enfrente se equivoque.

Parece que todo el mundo quiere la salida fácil: a votar. En cierta forma esto parece como tirar un dado al aire y volver a tirarlo repetidamente hasta que salga lo que tú quieres, infantilismo de toda la vida.

Y en todo esto, la frivolidad de proponer cosas imposibles y la presión de las encuestas, nos demuestra nuestra falta de madurez democrática y nuestros pecados mediterráneos en esto de la racionalidad política. Ahora buscamos culpables del fracaso, porque ya aceptamos el mismo e incluso a los políticos les gusta. No se dan cuenta del descrédito que esto genera sobre nuestro maltrecho sistema de representatividad.

Vendrá el 26J y tal vez un bucle electoral. La gente se equivocó votando el 20D, todo lo que no sea mayoría absoluta no gusta, es complicado y diverso; eso siempre da mucha pereza. Mientras tanto, intentemos relaciones imposibles, infértiles de partida y con actores impotentes.

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