Opinión

La campaña de los lugares comunes: Análisis de las estrategias de los partidos para el 26J

Jose Miguel Rojo
Escrito por Jose Miguel Rojo

PP: A favor. 

El PP utilizó para esta precampaña su acertado lema “España en serio” del 20D añadiendo la coletilla, “ahora más que nunca”. El PP con ese lema consiguió condensar su voluntad de movilizar el voto de la estabilidad y el conservadurismo. Era bastante compacto y, a pesar de las siempre suspicaces bromas como “España en sobres” o “ahora en serio, antes era de broma”, el lema funcionó bien y consiguió, en última instancia, colocar el eje central del argumentario popular: presentarse como la única alternativa de gobierno seria para España. Sin embargo y, para sorpresa de los analistas que ya adelantaban que el PP no cambiaría su lema (hecho muy justificable porque se podría haber vendido como que el PP se mantiene en la misma posición, la seriedad y el rigor, sin bandazos), los equipos estratégicos de Rajoy han preferido huir hacia uno de los lugares comunes del 26J: la positividad y la generación de afinidad con el votante.

Jorge Moragas rompiendo el molde tradicionalista -no sin rozar cierto grado de desesperación por ser “guay”- presentaba la nueva campaña que tendrá como lema “a favor”, transmitiendo su voluntad de eliminar las líneas rojas y construir en positivo, recuperando en cierta parte la idea de “España en positivo” que el PSOE de Felipe González utilizó en 1996, aquella famosa campaña del Rotweiller. El vídeo de campaña (sí, el de los gatos), es tan extremadamente contrario a la imagen del PP que puede generar un efecto adverso. El lema necesita de complementos como el propio Moragas lo presentaba “a favor del empleo”, “a favor de la estabilidad” y eso deja mucho espacio para la elaboración de sátiras que rompan tu campaña. Algunos ya se han apresurado a decir que votar al PP sería, por ejemplo, votar “a favor de la precariedad” y es que un lema demasiado general o que no es compacto en su propia idea, favorece la contracampaña siempre efectiva.

En cualquier caso y como en la vida, no hay nada peor que hacerse pasar por lo que uno no es. El PP está emprendiendo una carrera hacia el lado “cool” de la política, pero tanto la imagen de su líder como su propia base electoral entra en contradicción con esta estrategia. Sin embargo, continuar la idea de reforzar las posturas más claras, las ideas fuerza de tu partido, que podría haber pasado por mantener el eslogan de “España en serio”. En cualquier caso ya sabemos que el PP renuncia a utilizar algunos asuntos muy broncos en la campaña. El propio Rajoy ha aclarado que no echará en cara los EREs a Sánchez y que tampoco repetirá como leitmotiv -cosa que sí hace indudablemente Ciudadanos- Venezuela como argumento contra Podemos y, tal vez, emprendan un viaje hacia Atenas para que la crítica llegue y no mantener  un discurso ciertamente amortizado en el ámbito social.

PSOE: Sí. 

Vemos como el conjunto de los partidos no quieren una campaña arisca que podría generar un rechazo profundo en el electorado, muy desmotivado por la repetición de las elecciones. Frente al “vota por un futuro para la mayoría” y la reivindicación del espacio tradicional socialista de derechos sociales y Estado del Bienestar, este lema no mira al análisis prospectivo de los electores sino, claramente, a su juicio retrospectivo sobre lo que pasó en las negociaciones tras el 20D. El PSOE se quiere presentar como única alternativa a Rajoy y como garantía de cambio, pretendiendo clarificar el espacio al elector. Eso sí, parece que la estrategia no termina de calar y que la polarización Unidos Podemos-PP perjudica la a su vez buscada polarización dicotómica bipartidista Sánchez-Rajoy.

El PSOE se queja de la polarización pactada entre la pinza Rajoy-Iglesias, pero ellos mismos utilizan un eje de extremos personalistas para defender su voto. “O Rajoy o Pedro”, esa es la idea interminablemente repetida por todos los candidatos socialistas. Eso sí, intentan mantener un campo de juego bipartidista a pesar de que las reglas han cambiado, pero lo hacen desde la positividad, con un color verde preponderante en los escenarios que transmite la alegría primaveral, juvenil y la cercanía.

UNIDOS PODEMOS: La sonrisa de un país. 

Nuevamente, la coalición entre IU y Podemos juega también al espacio del discurso alegre y positivo, de la campaña en positivo, algo que ellos mismos inventaron con Carmena o Colau. A fin de cuentas, siempre se reivindican como “el partido del amor”.

Para este partido, la campaña emocionalmente positiva es fundamental para superar el discurso del miedo que les sitúa en el viejo comunismo tras su pacto con Garzón y el PCE. Unidos Podemos incluye, también, como idea principal de su campaña el motor patriótico -ya lo utilizaron el 20D con el lema “un país contigo”-, muy ligado a las visiones de Errejón que recuperan la idea de Gramsci sobre “construir pueblo”. Una de sus grandes potencialidades es presentarse como la argamasa unificadora de la diversidad plurinacional, lo que respaldan sus buenos resultados en las regiones periféricas, donde los partidos tradicionales y Ciudadanos están significativamente hundidos.

Unidos Podemos se presenta, pues, como la alternativa joven, fresca, patriótica y positiva para movilizar el voto de la ilusión por el cambio y, conseguir, que su votante base (joven menor de 35) no se desmovilice. Con esta pretensión quiere romper la valoración mayoritariamente negativa de la ciudadanía sobre Pablo Iglesias, un líder que genera demasiados rechazos y que suele presentarse como “enfadado” ante el público, eliminando en buena parte la capacidad empática del discurso morado.

CIUDADANOS: Tiempo de cambio, tiempo de acuerdo. 

Ciudadanos sabe que se queda sin espacio ante el 26J por la apelación al voto útil que hará el PP y la difuminación de su naturaleza ideológica tras pactar con el PSOE. Por eso, quiere recuperar la idea de moderación centrista que facilita el acuerdo pero a la vez exige cambios sociales. A pesar de que se plantea como partido muleta para la estabilidad, el discurso que se puede ver hasta el momento de Rivera es bastante duro, sobre todo contra Podemos y Rajoy, contra los que utiliza argumentos muy exterminados: Venezuela (es el único partido que lo está utilizando directamente) y corrupción.

Rivera sabe que no puede venderse como alternativa de gobierno, por eso, huye de los lemas institucionales de los otros tres partidos y ya no apela a la ilusión como en el 20D sino que se baja al barro y prefiere adoptar un tono más encontrado con el resto de candidatos. Prefiere afianzar a su electorado moderado y centrista, garantizando que ellos no darán problemas. Eso sí, se enfrenta a una fuerte campaña de desprestigio que harán los activistas internautas de Podemos -su spot del bar ha sido absolutamente destruido en pocas horas- encargados de desmontar la buena imagen general de Rivera en la sociedad.

Parece que todos los partidos quieren mostrar su mejor sonrisa para no cargar al elector. Veremos si son capaces de mantener este tono positivo o si el transcurso de la campaña nos aboca al enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

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