Gracias, Juan Carlos

Juan Carlos Aragón nos ha dejado y Fernan Camacho repasa sus influencias filosóficas

Era 2008 y yo estaba jugando al Pro en la Play Station con la radio puesta, por ver si salía una chirigota, todo lo que yo entendía de Carnaval. En lugar de la chirigota, salió la Banda del Capitán Veneno. “Cuando los ojos abría/ con dieciséis primaveras/ yo ya en el fondo sabía/ que no estudiaría carreras ni ná”. Aquel nihilismo me traspasó el corazón, un romanticismo exacerbado propio de la adolescencia me hizo hervir la sangre y, desde entonces, las comparsas, el veneno, se me echaron encima.

Ya en la carrera, la conciencia política “se hizo carne” y yo volvía a aquella comparsa con la que ya no estaba tan de acuerdo. El Estado, estudiaba, tiene tres patas: Poder, población y territorio. Y, además, monopolio de la violencia. “¿Ahora qué hago contigo, tal como soplan los vientos/ ahora que lo que te digo lo vas entendiendo un poquito mejor?/ Ahora que te andan diciendo, ay, eso de qué tú eres libre/ hazle caso a papá/ que en esta sociedad/ eso es imposible”.

Consideraciones varias, coplas afiladas, hipérboles sobre su “nabo”, del tamaño de la torre de preferencia, un gusto por hacer rabiar a cuanta más gente mejor y por buscarle no ya el tercer, sino el quinto o el sexto pie al gato. ¿Qué era y para qué servía el Estado? ¿Qué era una nación? ¿Qué quería decir aquella palabra tan manida: patria? ¿Para qué sirve el dinero? A todo iba respondiendo Juan Carlos Aragón según yo iba estudiando Teoría y Filosofía Política.

Más tarde llegó la hora del TFG y Esther me regala un libro de Bakunin. “Esto lo he escuchado antes”, me digo. Empieza a surgir una idea alocada contra la Universidad que me estaba amargando la existencia. Probablemente fueron los años más tristes de mi vida y yo seguía volviendo a aquel nihilismo. “A clase de inglés/ fui solamente pa decirte “you’re my love”. ¿Qué era, quién era Dios? “A religión no fui con ella, entiéndanme”.

Apareció Juan Carlos, otro Juan Carlos, en mi vida. Aparece Rafa. Dos personas religiosas con una humanidad desbordante. ¿Qué es Dios? “Y si estás de rodillas rezando/ levántate y anda/ que aquí sólo manda/ el maldito dinero”. Sigue el TFG (“El proceso revolucionario anarquista en las coplas de Juan Carlos Aragón”, no se puede ser más pedante) y leo a Camus, que observa que la única rebelión posible es contra la propia existencia. Ya lo había visto: “¿Para qué quieres, princesa mía, el alma/ como una virgen limpia y libre de pecado?”

Y volvía a eso de ser libre una y otra vez y leía a Isaac Berlin y sus Dos conceptos de libertad. Y Rawls aparecía por allí, y Hannah Arendt con su visión del espacio público, y la comunicación, y las esferas de Habermas, y el panóptico de Bentham que luego reconstruiría Foucault. Y eso ya estaba hecho en el Carnaval de Cádiz por el mismo tipo. «Tenle miedo dicen a quién no le teme a Dios/ y yo no le temo ni a que los demonios me acompañen». El Estado vuelve a ser Dios y quién se rebela vuelve a ser el demonio. Otra vez Camus, otra vez Juan Carlos, otra vez la rebelión metafísica contra todo.

Me he enterado justo después de salir del trabajo. Nacho, mi amigo gadirita, el que me abrió su casa para que conociera los Carnavales de verdad por primera vez, me daba la noticia. He ido a llevarle una vela a mi adolescencia, mi militancia, a mis chistes negros y ácidos de los CerveCívicas, a mis amargantes estudios y a mis esperanzas académicas actuales… A mi crítica, mi satírica, al chaval que fui… Y se me olvidó comprar la vela. Me senté en un banco en frente de la estatua del Ángel Caído del Retiro a ver cómo la tarde se acababa. Satán, el ángel rebelde, el trágico ¿héroe? Del Paraíso Perdido de Milton me guiñaba por última vez el ojo. Esa también es una comparsa, la sacó en el 2002 y se llevó el primer premio.

Descanse en paz, Capitán Veneno, que la tierra le sea leve. En el nombre de Cámara Cívica y, cómo no, en el mío propio: gracias. Muchas gracias por todo, de verdad.

Por cierto, en el TFG me dieron un cajonazo. Me dejaron «fuera de la final» porque, según el jurado, «faltaba metodología». Si eso no es un homenaje en vida…

EXTRA – Cervecívica sobre el Carnaval de Cádiz, el amor romántico y los límites del humor

por Fernan Camacho.

Permanentemente a punto de hacer algo. Como dijo Borges, presumo más de lo que leo que de lo que escribo aunque, para qué esconderlo, entreno mi narrativa públicamente en www.lasandungueriablog.com. Aquí me encontrarás hablando, sobre todo, de política aplicada a la literatura... Bueno, o viceversa. Juego de Tronos mola, pero Shakespeare, Calderón, Salinger, García Márquez y The Wire, molan más.