Opinión

Por qué llamar dictadura a la democracia populista es incorrecto

Asamblea en Sol durante el 15M (2011)
Colaboradores
Escrito por Colaboradores

Al parecer Pablo Iglesias “quiere llevar a la calle su oposición al Gobierno de Mariano Rajoy”, a lo que algunos han contestado sorprendidos, lo han calificado como “sandez”, o, como es el caso del portavoz  de Ciudadanos en el Congreso Juan Carlos Girauta, han indicado que “la política se hace en la calle en una dictadura”.

Sí, es cierto: una de las características fundamentales de los sistemas dictatoriales es la negación del acceso a las instituciones encargadas de la toma de decisiones sobre lo público, lo cual obliga a que la participación de la mayoría sea principalmente fuera de las instituciones; pero no, no es cierto que la extensión de la política a ‘las calles’ sea un rasgo único de las dictaduras. Este tipo de caracterización se corresponde con una visión torticera y elitista de la política.

¿Es dictadura la democracia directa?

Afirmar que el ideal clásico de democracia directa equivale al de dictadura, resulta no sólo discutible, sino señal de ignorancia supina y manipulación torticera. En el primer caso, la tarea legislativa engloba idealmente al conjunto de la población; mientras que el segundo se define principalmente por excluir a una mayoría de la población.

¿Similitudes? Ninguna. Hacer afirmaciones de este tipo supone asimilar irresponsablemente conceptos contrapuestos, por lo que entiendo que sólo pueden ser fruto de un arrebato discursivo prefabricado y poco meditado.  Ahora bien, ¿por qué el gobierno del pueblo es preferible al de este tipo de parlamento? Veamos.

¿Argumentos a favor de la democracia representativa?

  1. Una de las razones por las que entendemos que un parlamento está legitimado para representar a un pueblo es por haber sido elegido por éste a través del sufragio, cuestión que en el caso español –visto el alto nivel de abstencionismo, desproporciones (justificadas o no) en el sistema electoral y el uso de listas cerradas y bloqueadas– es más que cuestionable.
  2. Otro motivo es que el Parlamento legisle en beneficio del demo al que representa, y controle permanentemente al Gobierno. Esto tampoco es fácilmente defendible visto el alto porcentaje de leyes aprobadas por éste frente a la reducida proporción promulgada a iniciativa de las Cortes Generales así como por los sospechosos flujos de personas entre lo público y lo privado.
  3. Y no entraré aquí a considerar las enormes deficiencias mostradas a la hora de cumplir su función de investir la Presidencia del Gobierno.

Éstas son sólo algunas razones. ¿Está el Parlamento cumpliéndolas? No. ¿Está por tanto en mejor posición que ‘la calle’ para ser sede de la política? Probablemente no.

Esta crítica nos lleva a cuestionarnos qué quiere decir “visión elitista”, dado que gran parte de las ineficiencias que señalo no son más que fallos en el modelo de representación (ya de por sí elitista) que desconectan, aún más si cabe, el Parlamento de sus representados.

Dos visiones de la democracia

En este debate hay dos visiones en juego: una progresista y otra reaccionaria.

La primera es, con matices, la visión populista defendida por Iglesias (entendida ésta en el sentido más técnico), la que entiende que la política sucede en las calles y son los partidos políticos, los parlamentos y los gobiernos las instituciones que transforman la voluntad general en legislación, normativas, planes de actuación y demás formas de positivación.

Por contra, la visión elitista defendida por el dirigente de Ciudadanos entiende que la representación responde a una delegación de la voluntad y que ésta, por tanto, ha dejado de residir en el demos para pasar a pertenecer a las instituciones representativas. Y esto pese a que la Constitución nos dice que  “la soberanía nacional reside en el pueblo español” (art. 1).

¿Qué visión es pues más cercana a la realidad (entendida ésta como lo contenido en las normas)? ¿Y al ideal? Parece que la populista. Afirmar que la forma elitista es la más fiel a la idea de democracia no puede entender como nada más que una falaz estratagema discursiva para evitar que nada cambie y el poder siga siendo ajeno a la demos.

Todos los días es democracia

En definitiva, ¿quién está en lo cierto? Personalmente soy favorable a considerar que la política está presente en todos los recovecos de la sociedad: no sólo en la calle, no sólo en el parlamento ni en el gobierno, y no sólo en los partidos políticos, sino en todo intercambio entre personas, ya sean públicos o privados, con repercusión o no.

Toda toma de decisión conjunta necesita de un instrumento para la ordenación de la convivencia que necesariamente deberá ser llamado política. Es más, ésta no sólo está sino que debe estar porque en esa dirección apuntan las contemporáneas demandas de participación y transparencia: en devolver el poder a la base, en más y mejor democracia.

Espera, ¿el pueblo decidiendo su destino? ¡Insidias!

Devolver el poder a la base: más y mejor democracia. Clic para tuitear

Por Fernando Ntutumu.

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4 comentarios

  • Genial tu artículo. Quienes equiparan las dictaduras que basaban su legitimidad en la aclamattio (por ejemplo, las fascistas) con quien usan las movilizaciones como arma democrática usan un argumento falaz al tomar la parte por el todo, pues la movilización popular no es el único elemento definitorio de ambos sistemas.
    Además, quienes lo dicen (generalmente elefantes asustados de PP y PSOE) olvidan que en su día usaron estos instrumentos: el Nunca Mais o el No a la Guerra en su día por el PSOE y la AVT y el Foro de la Familia por parte del PP.
    Un saludo.

  • El asunto que pone sobre la mesa el post es interesante. Sin embargo, encuentro algunas lagunas en la argumentación que haces en favor de la democracia directa (la que llamas de calle, populista) y la indirecta (la representativa, la de parlamento). Das por sentado que si el ‘demo’ delega su voluntad en un representante, en este caso el parlamento, está perdiendo su voz. Y no es así. Ambos son democracias diferentes. Una es directa, la que se percibe que secundas; y la otra es indirecta, la de elegir representantes. Cada una se corresponde con una visión de la política diferente: la primera es una visión más republicana y se correspondería la “la libertad de los antiguos” que plantea Benjamin Constant (De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, 1819); la segunda es una visión más liberal.

    Por lo tanto no es que una sea mejor que la otra, es que son visiones diferentes. Ambas se han probado a lo largo de la historia y, como no existe la fórmula ideal, ambas muestran ventajas y desventajas, virtudes y carencias.

    Haciendo de abogado del diablo, hay un problema con la democracia directa: es o blanco o negro, o sí o no. Y partiendo de la base de que una democracia consiste en hacer valer la voluntad general pero respetando a las minorías, resulta evidente que la democracia directa (la de calle) no es la mejor para velar por esos principios puesto que tan solo escuchará la voz mayoritaria y enfrentaría a la ciudadanía a una dicotomia sin ‘escala de grises’. Por eso no es tan sencillo plantar urnas y alllez, a votar. Porque en política cada acción tiene consecuencias, por lo que hay que analizarlas fríamente ante de ejecutarlas (Max Weber en La política como profesión).

    Concluyo: Es un tema harto interesante pero has planteado tu versión. Y sería de agradecer que mostraras ‘la paleta de colores’ completa, puesto que das a entender que la única democracia real es la directa, cuando ambas lo son, es cuestión del prisma con que se mire (republicano o liberal, la libertad según los antiguos o la libertad según los modernos (Constant, 1819).

    • Hola, Adrián.

      No voy a discutir nada de lo argumentado pues es ciertamente es así. Concuerdo con tu análisis.

      Lo cierto es que mi planteamiento va mucho más allá de la democracia dentro del Estado-nación, por lo que no sería tampoco partidario de una democracia directa, pues tiene graves desventajas. Es necesario mantener un buen equilibrio entre participación e inclusividad de las demandas. La directa posiblemente perjudique el segundo factor.

      Tan sólo decir que si da la sensación de que soy partidario de la directa es porque aquí hacía también de abogado deld diablo frente a ‘esta’ forma de democracia parlamentaria, en la que los partidos (y otros organismos intermediadores) tienden a estatalizarse y alejarse de la voz a representar.

      Digamos, por aclarar, que vi, con las declaraciones de Girauta, que el pulso se inclinaba notablemente hacia un ladoby traté de hacer fuerza en la dirección opuesta.

      Muchísimas gracias por leerlo y criticarlo.

      Abrazos

      @Ntutumu

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