Opinión

Cataluña: Estado de Derecho y política

Partidarios de la independencia de Cataluña planteando la declaración unilateral de independencia
Fernan Camacho
Escrito por Fernan Camacho

Escuchando qué sucede en el Parlament, escribo una columna irónica sobre este esperpento. Algo ha fallado. En lo que parece la otra punta del planeta, habita Rajoy. Allí, alguien confunde Estado de Derecho con política. Si bien uno se nutre de otra y viceversa, diferenciar ambos términos y exponer una opinión diversificada resulta necesario.

Cataluña y el Estado de Derecho

Todo esto me causa incertidumbre. La situación es nueva para todo el mundo. Todos los referéndums que ha habido desde la invención de esta nuestra democracia liberal se han producido bajo el amparo de un sistema jurídico. Lo acontecido recientemente en el Parlament, en cambio, no. La consideración de ilegal no es un capricho, es que, efectivamente, la Constitución lo prohíbe. Razón de más para que no haya consulta.

Claro está, la Ley puede ser considerada injusta. Afortunadamente, la Constitución garantiza el derecho a pensar que la propia Constitución es leonina y despótica. También puede ser criticada la forma en que la Constitución se ha hecho por razones análogas. No obstante, por más que me fastidie, tras unas elecciones democráticas se dijo que naciones había tantas como reyes: Una. Y me fastidia mucho. Es por ello que hago campaña permanente por la República. Reconozco, eso sí, que hasta ahora no había pensado tanto en nacionalidades.

Hay un camino hacia un referéndum, como lo hay hacia la República. Esta ruta consiste en convencer a la suficiente ciudadanía para que se modifique la Constitución. Esta reforma constitucional (no sabemos hacia qué sentido), lleva pareciendo inminente mucho tiempo. Ciudadanos quiere abrir el melón del Senado, el PSOE ahora apuesta por la plurinacionalidad, Podemos seguro que también tiene algo que decir…

Esta reforma lleva pareciendo inminente, de hecho, demasiado tiempo. A la vista está la insatisfacción que recientemente provoca. No obstante, para reformar las partes de la Constitución de las que estamos hablando hay un escollo: Implicaría elecciones generales (otra vez). Es aquí donde encontramos a la madre del cordero, como diría Homer Simpson: Política, causa y, a la vez, solución de todos nuestros problemas.

La cirugía jurídica

Haber llegado hasta aquí es un fallo político, hablaremos de ello luego. En cualquier caso, de ese fallo se deriva que ahora tendrán que usar esa cirugía mastodóntica que es el Derecho para arreglar este desaguisado.

Como decíamos antes, la Constitución necesita una puesta al día. El conflicto de la plurinacionalidad ha de ser preponderante. Considero, pues, que sería de buen recibo un referéndum en los territorios que consideren ser nación en el ámbito jurídico para que así quede reflejado en la aún más futurible Carta Magna. Ahí, la nación política pasaría a ser nación jurídica (hablaremos de ello luego).

Paralelamente a esto, cada cual votaría al partido que mejor le representase. Unos propondrán la autodeterminación, otros todo lo contrario y otros tendrán sus razones en otra parte. Hecho esto, si la opción de la autodeterminación en un proceso de reforma triunfa, autodeterminación tendremos. Este proceso que propongo es largo, tedioso y difícil, pero es el más seguro. En él se mezcla el proceso jurídico con el proceso político, el dialogado, el que se hace entre toda una ciudadanía en paz.

Cabe decir, eso sí, que el concepto de autodeterminación aparece para descolonizar a territorios invadidos de su metrópoli (Resolución 1.514, 1.541 y 1.654 de la Asamblea General de la ONU y Pactos de Nueva York). Dado esto, conjugar el Derecho de Autodeterminación tal y como se refleja en el ámbito internacional para el caso catalán, implicaría asumir que España, en algún momento, ha colonizado Cataluña. Si bien esto ha de dejarse a la historiografía, por lo que a mí respecta, me parece (digámoslo así) desproporcionado. Si me permiten el cachondeo, la boda entre los Reyes Católicos no da para tanto.

Concluyo observando que saltarse una ley democrática (por más injusta que se considere) sólo ofrece inseguridad. Bastante más inseguridad que la que provocan a diario los poderes que influyen en la política (negar que las injerencias existen sería una necedad). Dicho esto, es justo decir que, si bien la responsabilidad de haber llegado hasta aquí la comparten Mas, Puigdemont y Rajoy, lo que pase a partir de ahora eximirá a la nula (no ha existido) actividad del Presidente. Tan justo es lo anterior como exigir proporcionalidad y prudencia a entes como el Tribunal Constitucional o la Fiscalía, por cierto.

Cataluña y la política

Volviendo a Homer: Política, causa y a la vez solución de todos nuestros problemas. Desde la atalaya de la ironía, podríamos decir (tirando de Borges) que Rajoy y Puigdemont son dos calvos peleándose por un peine. Lo que sucede es que esta atalaya lo que evita es mostrar una opinión profunda. Sucede lo mismo con la atalaya del Estado de Derecho: Esgrimir que la única razón para que no haya referéndum es el Estado de Derecho resulta deshonesto. El Derecho lo hacemos entre toda la ciudadanía representada en el Parlamento, dicho de otra forma: La política puede cambiar el Derecho, si es que quiere.

Dejando el Derecho (casi) aparte…

Hay una razón fundamental para que no haya referéndum: Que puede que la independencia gane. Hay veces que hay que ser paternalista, la independencia sería una debacle en todos los sentidos. Y sería una debacle, principalmente, para Cataluña. Las diferencias jurídicas entre España e Italia han provocado recientemente todo un huracán en el Derecho Procesal, ¿Qué hubiera pasado en el caso Juana Rivas si fuésemos un solo país, con un Derecho común?

El proyecto más grande de la política mundial se llama Estados Unidos de Europa: Tenemos que empezar a quitar fronteras, no a construirlas. Pero, aunque la Unión Europea no existiese, tampoco sería positivo. Quizás por vocación internacionalista, observo que el ser humano tiene que tender a la unidad. Esos utópicos (que no quiméricos) Estados Unidos de Europa serán el primer paso.

Podríamos hablar de economía, pero me niego a pensar que esto sea lo que mueva las inquietudes del ser humano, por más que considere que la historia ha sido y es una lucha de clases constante.

La nación catalana

Con todos los respetos, el onanismo mental respecto al término nación está a la orden del día. En primer lugar, porque se confunde nación jurídica con nación política. La pregunta tan cuñada de “¿En tu DNI qué pone?” va en este sentido. En la Teoría del Estado se asume que el Estado lo componen nación, territorio y poder. Por ende, nación sería, en estos términos (y en los del cuñadismo), aquella población que vive dentro del Estado. No obstante, ¿puede haber un Estado con más de una nación? Sí: Reino Unido, por ejemplo.

En segundo lugar, porque se confunde nación con identidad. La identidad es, bajo mi punto de vista, una unión de cultura (véase hablar un determinado idioma, si es que lo hay) y costumbres (vivir la religión de una determinada manera, por ejemplo). Diferencio la nación de la identidad en que la segunda añade a cultura y costumbre el factor de la voluntariedad. Es por ello que, previamente, proponía una reforma constitucional con un referéndum definitorio de qué quieren ser comunidades autónomas como Andalucía en la Constitución.

De este factor de voluntad deriva un acontecimiento con el que reconozco haberme sorprendido: Si contemplamos la voluntad como elemento definitorio, con que haya dos personas que compartan costumbres, cultura y quieran ser una nación, lo serían. ¿Nación de Madrid? Desde luego, suena raro. Supongo que a esto habría que añadirle cierta aceptación popular.

Aceptación popular. He aquí la razón por la que las Ciencias Sociales no son exactas: ¿A partir de cuando una nación goza de aceptación popular? ¿33, 5 % del total? Mucho me temo que en este misterio nacional es donde me he quedado reflexionando. El miedo a parecer un completo ignorante no me gusta, pero el miedo a teclear y despejar cualquier duda me causa pavor. Cuando haya llegado a una conclusión al respecto, la escribiré.

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