Opinión

Una víctima no sólo tiene que serlo, sino parecerlo

Mercedes Serrato
Escrito por Mercedes Serrato

Visibilizar las múltiples violencias que las mujeres sufren, tanto a diario como en momentos puntuales, es un ejercicio de crítica y autocrítica que está resultando revolucionario, aunque haya quien lo tilde de “moda”, como si de manoletinas con lazo se tratara.

Lo personal es político porque hay construcciones políticas que atentan contra lo personal

Denunciar o señalar la violencia machista, ya sea en el caso de una violación o en la ocupación del espacio público en medios de transporte, parece estar suponiendo un auténtico ejercicio de rebeldía cuando simplemente, se trata de una cuestión de visibilización, sensibilización y toma de conciencia.

Ante la denuncia de estas cuestiones, el neomachismo, o el machismo a secas, tiene una estrategia, en apariencia de corte moral, bastante básica, que no a fuerza de repetirse es más cierta: cuestionar a la víctima o víctimas.

“¿Y por qué lo denuncia ahora?”

“¿Y por qué iba sola?”

“¿Y por qué ahora es malo ir con las piernas estiradas en el metro?”

“¿Y por qué se viste así?”

“¿Y por qué seguía viendo a su acosador?”

“¿Y por qué estaba borracha?”

“¿Y por qué no se lo dijo a nadie?”

“¿Y por qué ahora no se le puede decir un piropo a una mujer?”

Cuestionar a la víctima y su actitud ante, durante y después de la agresión que sea, además de muy desconsiderado, refleja dos aspectos dignos de tener en cuenta:

  1. La culpa es de la víctima porque la culpa es de las mujeres desde que Eva cogió aquella manzana.
  2. No es suficiente un proceso de victimización de la mujer, hace falta revictimizarla para que tome conciencia de cual es su sitio en el mundo y los riesgos de salir a la esfera pública, territorio exclusivo de los hombres.

Juzgar a las mujeres con criterios de corte moral es algo que se hace con demasiada frecuencia.

En este punto de la cuestión, siempre hay alguien, frecuentemente un hombre, que te dice que las mujeres también son machistas y ejercen como tales. Esto no es mentira. En este mundo hay mujeres machistas, hombres feministas y peces plateados. Aún sin saber la finalidad del argumento de las mujeres machistas, no debemos olvidar que en una sociedad que aspira a ser igualitaria, la libertad de las personas que componen dicha sociedad no sólo es de acción, sino también de no sufrir discriminaciones por sus acciones libres, siempre que no perjudiquen a terceras partes.

Quizás el problema es que no admitimos que no todo el mundo quiere una sociedad igualitaria.

Desacreditar, como base para desmontar

La actualidad nos está proporcionando una triste y nutrida gama de ejemplos de cómo el machismo interpreta la denuncia de la violencia sexual, sobre todo cuando esta violencia la sufren y denuncian mujeres.

No es ni siquiera necesario cruzar el charco para analizar ejemplos muy claros de todo esto.

En el caso de la presunta (ley obliga) violación de San Fermín por cinco hombres de la autodenominada “Manada” es muy evidente  como desacreditar, no sólo el testimonio de la víctima, sino a toda ella, es la principal herramienta de la que el machismo se sirve para defenderse. Todo es mentira porque ella no es creíble, y no lo es porque publica fotos en redes sociales, juzgando esta conducta y las mismas fotos con un código moral, digamos que bastante discutible, teniendo en cuenta el contexto en que nos movemos.

En el caso del psiquiatra sevillano Javier Criado, presuntamente muy culpable de abusar sexualmente de pacientes en el ejercicio de su profesión, la cosa va mucho más lejos, porque la distancia en estas cosas es ilimitada.

Las víctimas no son creíbles porque muchos de los delitos que denuncian han prescrito. No son creíbles por haber dejado pasar tiempo, y la mejor parte es que ser un número considerable de mujeres no les suma veracidad; por el contrario, se la resta pues son una especie de “Conjura de las Damas” empeñadas en destruir a Criado, nadie sabe porqué.

La defensa de “La Manada” parece apoyarse en algo muy siniestro y muy simple: Una chica que va a San Fermín, que vive la fiesta y se emborracha, no puede negarse a mantener relaciones con cinco hombres a la vez.

En el caso de Javier Criado, el argumentario es más perverso aún. Los mismos problemas psiquiátricos que llevaron a la mayoría de esas mujeres a acudir a la consulta del médico, son los mismos que se utilizan para desacreditar sus relatos: “Están todas locas”.

#MeToo #AMíTambién #VivasNosQueremos #YoSiTeCreo #JusticiaPatriarcal #NiUnaMásNiUnaMenos #25N

Que la denuncia de la violencia machista sea masiva o tenga un hasstag no significa que sea una moda, significa que las protestas en el Siglo XXI tienen nuevas formas de gestionarse, nuevos códigos, incluso un metalenguaje acorde con este tiempo.

Banalizar la visibilización es otra herramienta neomachista para perpetuar la discriminación. El machismo construye un relato muy claro en cuanto a cronología: “Ahora” como contraposición de la situación ideal, el “antes”.

Ahora las mujeres no pasan ni una. Ahora te denuncian si les sueltas un bofetón, te recriminan que les digas un piropo, te pueden llegar a poner la cara colorada en el autobús o pueden llegar a la osadía de decirte que tiendas una lavadora… Antes era otra cosa.

Discursos como estos no son exclusivos de las barras de los bares, sino que se difunden en medios de comunicación por personas con cierto calado en la opinión pública.

El “antes” y el “ahora” conviven en una pugna entre el patriarcado tradicional y las rupturas del mismo, con todos los baches que implica.

Aferrarse al relato de que siempre han ocurrido determinadas cosas, porque las mujeres lo han consentido e incluso, se han beneficiado, y que ahora simplemente es la moda de llamarlo acoso o agresión, es el discurso que muchos hombres y algunas mujeres parecen sostener ante el fenómeno de hacer visibles las violencias machistas.

No parecen reparar en el hecho de que existen incontables barreras para la denuncia, social o legal. Primero por factores psicológicos de todo tipo que impiden que la víctima sea capaz incluso de reconocer que vive una situación de abuso. Superado este paso, que no es poco, las barreras sociales y jurídicas no son escasas tampoco: someterte al cuestionamiento de tu vida y actitud que hemos comentado antes, sistema jurídico con fuerte arraigo patriarcal que puede incurrir en lo mismo, señalamiento social, procesos de revictimización…

Ante este panorama, resulta casi increíble que se hable de moda, cuando lo único que está ocurriendo es un fenómeno muy lógico. Apoyar a quienes son capaces de superar todos esos obstáculos para denunciar agresiones machistas, y en ese proceso de reconocimiento, admitir las experiencias vividas, bien por solidaridad, bien por el empoderamiento que supone el empuje colectivo a la hora de admitir estas situaciones, tradicionalmente invisibilizadas por el sistema y la estructura en que vivimos..

Pero esta imagen de colectividad, de fuerza, de ruptura, se percibe por las lógicas patriarcales como una gran amenaza, por la pérdida de privilegios que podría implicar para el sistema machista. Ante ello, se vuelve a tirar de una supuesta, lógica moral; y es que al igual que la mujer del César, una víctima no sólo tiene que serlo, tiene que parecerlo, y parecerlo a ojos del patriarcado supone ser todo lo frágil, patética y vulnerable que una mujer debe ser en estas situaciones, según lo descrito en los discursos machistas arcaicos y nuevos.

Y es así como llegamos al #25N, con cifras escalofriantes en cuanto a desigualdad, no importa que variables elijamos.

Mujeres asesinadas, menores asesinados, cuando no se enfrentan al dolor de la orfandad parricida, mujeres víctimas de violencia sexual, tasas que se llegan a cuadruplicar en casos de mujeres con discapacidades, violencia simbólica, instrumental, administrativa…

Y a todo esto, sumen los ataques a los movimientos que rechazan esta situación.

Quizás la máxima feminista siempre estuvo al revés, y es que lo político, llegando a estos extremos, es demasiado personal.

 

Para ampliar

  • Colectivo IOE. Barómetro Social de España: https://barometrosocial.es/
  • Facio, A. Feminismo, género y patriarcado. En: Fries, L. y Facio, A. A. (eds.) Género y Derecho. Santiago de Chile: LOM Ediciones, La Morada. 21-60. 1999.
  • García Aguilar, M.C. Feminismo Contemporáneo: Más allá de la Posmodernidad. PALOBRA: Palabra que obra. 14  158-172. 2014.
  • Lorente Acosta, M. Autopsia: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/author/miguelorenteacosta/
  • Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad Macroencuesta  de violencia contra la mujer 2015. Madrid: MINISTERIO DE SANIDAD SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD CENTRO DE PUBLICACIONES. 2015.
  • Thurén, B.M. El poder generizado — El desarrollo de la Antropología Feminista. Instituto de Investigaciones Feministas, Universidad Complutense de Madrid. 1993.
  • Zurbano Berenguer, B. y Liberia Vayá, I. Revisión teóricoconceptual de la Violencia de Género y de su representación en el discurso mediático: Una propuesta de resignificación. ZER, 19 (36), 121-143. 2014.
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