Notas

Influencias políticas en el arte

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Escrito por Colaboradores

Por Celia Fernández

 

Desde que los humanos empezamos a desarrollarnos como especie, hemos ido dejando reflejos materiales de nuestra propia sociedad en pinturas, esculturas, modelos arquitectónicos… hasta que la técnica nos ha permitido hacerlo en otro tipo de soportes, como vídeos o grabaciones, y por medio de otros materiales.
Esta idea nos permite ver que el arte no es solo algo estético o decorativo, sino que también está cargado de mensajes; mensajes muy diversos que van desde la expresión de sentimientos personales, como El Beso de Klimt, hasta auténticas reivindicaciones sociales, como por ejemplo La Libertad Guiando al Pueblo, de Delacroix.
Evidentemente, cualquier mensaje está sujeto a diferentes interpretaciones e ideologías: las formas o enmarques usados, los colores, la composición de las piezas y su disposición en el espacio… todo responde a las características políticas y los gustos sociales de cada época, sumados a los del propio autor. En el retrato de La Familia de Carlos IV que hace Goya, podemos observar cómo el pintor hace una interpretación del poder que ostenta cada uno de los miembros de esta familia al colocar en el centro a la reina y no al rey, que era lo usual.
Aunque, mandar mensajes a la sociedad a través del arte era el modus operandi de los patricios y políticos romanos. Cada vez que un nuevo emperador se alzaba en Roma, se enviaba un busto con su efigie a todas y cada una de las colonias imperiales. De este modo, todo el mundo conocía al emperador, que se convertía en una figura más cercana y accesible de forma automática, que es uno de los fines que se sigue persiguiendo hoy en día con las campañas electorales.
No era esta la única idea que se mandaba desde el trono imperial; el famoso grupo escultórico de Eneas huyendo de Troya con Ascanio y Anquises, invadió todos los rincones del Imperio, ya que en él se encierran algunos de los valores más arraigados en la antigua Roma: Eneas fue uno de los últimos supervivientes a la caída de la mítica Troya y, con él y su descendencia, por eso lo acompaña su hijo Ascanio, aparece la semilla de Roma, cuyo origen, además, está vinculado a los dioses porque Eneas era hijo de Afrodita y Anquises, a quien saca a hombros de Troya haciendo alusión a lo vital que es para la sociedad romana honrar a los antepasados y los dioses lares, protectores del hogar familiar, que queda representado con el fuego de la antorcha que porta Eneas, como el último fuego del hogar el fuego de Troya. Para acabar con todos estos valores que se convirtieron en las entrañas de la sociedad romana, sobre todo porque hubo un gran esfuerzo desde el propio gobierno para extender estos ideales, hay que señalar que la caridad con los más débiles, como serían los padres y los hijos, debería ser el motor de Roma.
Pero no hay que remontarse a la época de Augusto (siglo I a. C.) para ver como los cambios políticos afectan a la historia del arte. El impresionismo surgió como un movimiento de respuesta al estricto estilo academicista del siglo XIX, generado por la institucionalización de las enseñanzas artísticas desde las Academias, donde todo tenía que estar bajo control y debía seguir unos cánones muy estrictos basados en los gustos de una creciente y empoderada burguesía. El impresionismo, y el postimpresionismo también, son movimientos que, como fin último, abogaban por la libertad de expresión y, además, también se reivindican ciertos derechos sociales que se les habían vetado a muchas comunidades colonizadas; como los cuadros en los que Gauguin refleja la belleza de la cultura filipina.
Aunque también se han dado los mismos procesos a la inversa. Durante las décadas de los 70 y los 80 en Chile, surgió un movimiento artístico muy conceptual cuyas “obras apuntaban a denunciar, por medio de estrategias de subversión simbólica y de camuflaje, los abusos que desarrollaron los oscuros organismos de seguridad en Chile. Hoy, aquellas piezas representan gran parte del mosaico iconográfico-cultural del país en dicho período (( VIDAL VALENZUELA, SEBASTIÁN, Corriendo Riesgos: Arte, Calle y Coyuntura Política, Arteycritica, 2011))” , hecho que ha provocado la institucionalización de este movimiento, a pesar de que no fuera un estilo oficialmente aceptado en sus orígenes.
Pero, antes de llegar a las contemporáneas corrientes callejeras, no podemos olvidar la mayor fractura que ha vivido la sociedad y el arte en nuestra historia reciente. La aparición de las grandes vanguardias artísticas del siglo XX, que han cambiado nuestra concepción del arte para siempre, son hijas de un complejísimo contexto sociopolítico que comenzó con la industrialización y, por tanto, con la aparición del proletariado y la conciencia de clase, y que vivió el desmoronamiento de muchos países después de dos guerras mundiales (a lo que habría que sumarle la Guerra Civil Española y la influencia que esta tuvo en los artistas del momento).
Los mensajes de las vanguardias se convierten en algo confuso y difícil de entender, pero no dejaba de ser un claro reflejo de los sentimientos de una población que se encontraba abrumada por el progreso y la guerra. Llegamos a un arte más conceptual y críptico, donde la idea de belleza podía cambiar rápidamente a representaciones más macabras pero, ¿no es sencillo entender por qué se abandonaron todos los cánones estéticos previos en el mismo momento en el que se descubrió el potencial destructivo de la humanidad?

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