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King Kong: Del imperialismo cultural a la relectura feminista

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Por Carmen Díez.

 

El sentido no es nunca principio ni origen, sino producto. No hay que
descubrirlo, restaurarlo, ni reemplearlo sino que hay que producirlo
mediante una nueva maquinaria.
GILLES DELEUZE

 

A menudo no somos conscientes de lo que las grandes producciones fílmicas de Hollywood quieren transmitirnos. Ningún producto cultural (y esto incluye, por supuesto, a la industria cinematográfica) es neutral. Ninguno está exento de ideología. Tener un pensamiento crítico no significa otra cosa que ser capaz de desenmascarar esas ideologías que se nos venden como neutrales.

Partiendo de esta base, me propongo analizar dos productos culturales, el primero cinematográfico y el segundo literario. ¿Qué instrumentos teóricos me sirven en el análisis? En primer lugar, la crítica como sabotaje ((En su artículo “Crítica, sabotaje y subalternidad” la describe como “el ejercicio de un sabotaje de aquellas máquinas textuales lineales o no lineales (literarias, filosóficas, políticas, éticas, fílmicas, discursivas en general) que presentan la ideología como algo natural [textos téticos], o bien la cartografía de esos textos que funcionan como un sabotaje de la misma ideología [textos atéticos]”, (Asensi, 2007:141).)) de Manuel Asensi. En segundo lugar, tanto la teoría feminista como la crítica poscolonial ((La teoría poscolonial se basa en una revisión y reformulación de la historia tal y como la contaron los vencedores, es decir, los colonialistas. Este artículo lo explica estupendamente.)) . ¿Cuáles son los objetivos de este artículo? El más importante: realizar una lectura comparada de ambos textos, cuyo nexo de unión es la figura de King Kong.

En su crítica como sabotaje, Asensi divide en dos los tipos de texto: téticos y atéticos. Los textos téticos son los que presentan la ideología como algo natural. Sería el caso de la película fantástica de aventuras de King Kong de 1933. Los textos atéticos funcionarían, más bien, como una subversión de esa ideología; sería el caso del famoso ensayo de autoficción Teoría King Kong, de la escritora francesa Virginie Despentes, publicado en 2006. Analicemos primero la película y, después, el libro.

King Kong o el mito del monstruo enamorado

Todo el mundo conoce King Kong, pero también Frankestein, La Bella y la Bestia… Estas obras están unidas por lo que llamamos “el mito del monstruo enamorado”: un ser más o menos abominable que se enamora de una bella humana. Estos relatos tenían como moraleja, en sus orígenes, advertir a las jovencitas a la hora de entablar relaciones con desconocidos. En otras palabras: controlar la vida sexual y afectiva de las mujeres.

King Kong se estrena en 1933, fecha paradigmática del ascenso del nazismo y de las aún graves consecuencias del crack del ’29. La ideología subyacente en la película es la hegemónica ((Se trata de un concepto gramsciano, su definición puede consultarse aquí.)). La que produce y reproduce lógicas tanto patriarcales como colonialistas.

Las lógicas patriarcales están presentes en la relación entre Anne y Kong. Anne es el prototipo de feminidad que encarna a la mujer como perdición y objeto bello que se desea poseer. Kong, por su parte, responde a la masculinidad hegemónica que es paternalista y protectora.

La mirada colonial y la cuestión de la raza son cruciales: Kong es una metáfora del otro, el negro, que supone una amenaza a la civilización por asociarse con la barbarie. La luz y la oscuridad, el orden y el caos, el progreso y el retraso, sirven para contraponer la grandeza estadounidense a la isla desconocida. Y también, cómo no, para mostrar que su dominio es capaz de llegar a los lugares más ignotos: metáfora, de nuevo, de su imperialismo.

De hecho, en Malditos bastardos se dice que King Kong es la historia del negro en América. La historia de su esclavitud y su explotación.

Teoría King Kong o la super-feminidad

El panorama parece descorazonador, pero entonces llega Despentes y reformula King Kong desde una perspectiva feminista y contra-hegemónica. Ella utiliza la figura del gorila para reivindicar una super-feminidad basada en la fealdad, la agresividad o la gordura. Todas características que comparte con King Kong y que suponen una subversión de los roles de género imperantes en nuestra sociedad:

Yo hablo como proletaria de la feminidad (…). Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza por no ser una tía buena (…). Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva (…) (Despentes, 2007)

Esos atributos que antes eran negativos en la película, se vuelven positivos en este ensayo. Sirven para subvertir el sistema patriarcal que oprime a las mujeres. Pero esa subversión implica la exclusión del modelo imperante de mujer, igual que Kong es excluido: ambos desbordan los límites de las convenciones sociales.

Teoría King Kong quiere deconstruir esas convenciones sociales que se nos venden como naturales, para transformar la realidad a través de nosotras mismas. Por eso, entre otras cosas, considera la sexualidad un arma de liberación muy potente. Tanto en la película como en el libro está presente: King Kong, con su deseo incontrolable de poseer a la joven actriz; Despentes, con sus narraciones sobre la prostitución, la violación y la liberación sexual.

Así se le da la vuelta al mito para oponerse de forma radical al sistema. Se apropia de la figura de Kong para formular una nueva idea de feminidad que sea más fuerte, más valiente, más exhuberante en todos los sentidos. La monstruosidad puede servir para dar seguridad frente a un mundo que nos obliga a luchar por tener nuestro propio lugar. Ese sería el punto de vista de un discurso emancipador como el de Despentes.

Sin embargo, desde el punto de vista hegemónico, el monstruo es la amenaza de la otredad. Y, curiosamente, el mono como monstruo ya había sido utilizado, en 1923, como personificación del capitalismo en la revista española Cultura y Acción. Más tarde, durante la Primera Guerra Mundial, se había usado como paradigma de la brutalidad alemana. Después, ya en la Segunda Guerra Mundial, igual que existe un muro contenedor de Kong en la película, se construye el muro que contiene al “Kong” comunista. Hoy también tenemos nuestros monstruos: el Estado Islámico y el terrorismo yihadista. Ninguna civilización se construye sin la existencia de una otredad amenazadora.

Bibliografía

  • ALBA, Carlos: “King Kong o el teatro de Estado en los años 30” en Revista Stichomythia, Núm. 5, 2007, pp. 26-36.
  • ASENSI, Manuel: “Crítica, sabotaje y subalternidad” en Lectora, Núm. 13, 2007, pp. 133-153.
  • LANDRY, Vincent: “Virginie Despentes et l’autofiction théorique: étude de King Kong théorie” en Revue PolitiQueer,
    Núm. Dimensions francophones, 2014, pp. 49-69.
  • LANGAGER, Ross: “From Spectacle to Elegy: The Cinematic Myth of King Kong” en PopMatters, 27/11/2011.
  • RAMIRO, Encarna: Guía para ver y analizar King Kong (2005), Ediciones Octaedro, Barcelona, 2011
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1 comentario

  • Finísimo artículo que no deja de recordarme otros usos denigrantes del simio como símbolo: a Darwin se lo caricaturizó como hombre-mono para mostrarlo en toda su barbarie.

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