Divulgación

El Caso Snowden: ¿Quién vigila a quien?

Snowden, inteligencia y espionaje
Manuel Rodríguez
Escrito por Manuel Rodríguez

Si estás leyendo esto, te están observando. Mientras escribo, a mí también me observan. Todo esto lo intuíamos pero ahora lo sabemos a ciencia cierta gracias a Edward Snowden. Cada tecla que pulso y que pasa a formar parte de la información que genero es susceptible de ser canalizada a través de las redes sociales, emails, SMS o incluso llamadas. Yo por si acaso, incluso tengo una tirita que tapa la webcam del portátil. Nuestra privacidad no es privada.  Y sin embargo, aquí seguimos, tecleando.

La película sobre la vida del espía americano que denunció públicamente el espionaje masivo de la administración de Estados Unidos contra su propios ciudadanos y población de medio mundo nos narra con una sorprendente sencillez que para saber de nosotros no hay más que preguntar. ¿A quién? A un software de monitorización masiva de datos, como quien introduce una búsqueda en Google (quien, por cierto, también tiene parte de responsabilidad en esta historia). Nuestra vida privada está más expuesta de lo que queremos admitir, pero no solo aquella que decidimos voluntariamente (esto también es discutible, como demuestra Black Mirror… otro día hablaremos de eso). Una máquina que pueda entrar en nuestros mensajes de texto, conversaciones privadas de Facebook o Whatsapp o incluso emails está capacitada para encontrar la información que desee (nuestras opiniones políticas, trapos sucios, si de verdad amamos a nuestra pareja) de nosotros o de personas a nuestro alrededor.

Pero vayamos paso a paso. ¿Por qué una película sobre Snowden?

El film dirigido por Oliver Stone nos enseña las contradicciones entre el dicho y el hecho. Entre lo que se hace y los motivos que justifican qué se hacen. Esta tensión parece que es pasada por alto excepto por “Ed” Snowden, un tipo –en palabras de Stone– soso que, contra todo pronóstico, reaccionó. La cinta sigue los pasos de Snowden desde su preparación para las Fuerzas Especiales hasta la NSA, pasando por la CIA hasta su -actual- exilio en Moscú. Todo ello salpicado de épocas trabajando para empresas privadas que a su vez eran contratistas para los mismos organismos. Como dice con ironía el protagonista en el film: “las puertas giratorias de la inteligencia”.

Pero, ¿qué es inteligencia?

Inteligencia es aquello que nos permite tomar correctamente una decisión (hablamos del modo, que la decisión sea correcta en cuanto a contenido es harina de otro costal). No nos referimos a las habilidades mentales del decisor, sino a los datos e informaciones que permiten emitir juicios fundados. De este modo, los servicios de inteligencia recopilan datos, generan estudios y presentan informes que facilita la labor del decisor público. Esto es de especial relevancia en materia de Defensa, ya que se pueden detectar anticipadamente potenciales amenazas a la seguridad nacional. Este razonamiento es una constante en toda la película, ya que Snowden tiene que convencerse de que de su trabajo, por dudosamente ético que sea, dependen miles de vida de estadounidenses.

Respecto a las contradicciones de las que hablábamos, existe en esta cinta un debate que plantea la necesidad de sacar a la luz, al foro público, lo que está pasando. Lindsey, la pareja de Snowden, le recuerda que Estados Unidos ha sido construidos sobre los principios de que nadie está por encima de la ley y que el pueblo americano debe tener derecho a opinar y discutir sobre lo que le afecta. Contra este enfoque basado en el liberalismo político y los teóricos del Estado de Derecho, encontramos los argumentos fundados en la razón de Estado y la necesidad de seguridad por encima de todo. Esta postura es personalizada en Corbin, el mentor de Snowden, que encarna una mezcla de fe hobbesiana en su trabajo para mantener el orden y la seguridad junto con gran parte de la filosofía de la Administración Bush (como la Patriot Act): “la mayoría de los americanos no quieren libertad, quieren seguridad“.

Cuando nuestro protagonista le pregunta a su maestro si no es necesaria una orden judicial (en España “autorización judicial”) para realizar las escuchas y espionaje a los ciudadanos, este le habla de la existencia de los tribunales secretos FISA que operan donde nadie puede verles. Porque según Corbin, si los tribunales públicos decidieran sobre su trabajo, no solo lo sabría la ciudadanía y la prensa… sino también los enemigos del Estado, que podrían poner en peligro la seguridad nacional. Exactamente el mismo razonamiento encontramos en la web del homólogo español de la CIA, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI):

En las sociedades democráticas, la transparencia de las instituciones es un principio básico de las administraciones públicas.

Sin embargo, tanto por la naturaleza de la información que obtiene un Servicio y por los métodos que emplea para obtenerla, como por el contenido de sus evaluaciones y análisis, un porcentaje muy elevado de los asuntos que trata deben permanecer protegidos por el secreto. Un secreto que no debe ser entendido como un método de encubrir actuaciones ocultas, sino como una forma de asegurar que determinadas fuentes, materias, identidades, hechos o decisiones no sean conocidas por quienes podrían valerse de esa información para actuar contra los intereses del Estado. Un secreto, en suma, que sólo pretende contribuir a mantener la seguridad nacional.

Sobrevuela la película la idea de que vivimos en un mundo plagado de incertidumbre. Ello legitima tener unos buenos servicios de inteligencia, ya que la información es necesaria para tomar buenas decisiones en un mundo complejo y cambiante. Entre los eventos que sirven para mostrar esa incertidumbre aparecen imágenes de Hugo Chávez, Ben Laden, Evo Morales, el movimiento antiglobalización e incluso al 15M en la Puerta del Sol de Madrid. Ello, junto a la mezcla entre imágenes rodadas y de archivo da una coherencia a la historia de la película con la Historia real que nos incluye a los espectadores. Al fin y al cabo los sucesos narrados en la cinta ocupan los ultimos diez años: también están en nuestra memoria. Como Ed y Lindsey, todos vivimos -algunos con esperanza, otros con escepticismo- las elecciones que ganó Obama. A mí me pilló recién ingresado en la universidad.

Volviendo al tema, Oliver Stone vuelve a poner sobre la mesa la compleja relación entre la necesidad de un Estado de tener herramientas para defenderse y los principios democráticos y de Derecho de hacerlo dando cuentas a la ciudadanía. En un momento dado vemos al director de la NSA afirmando en comisión parlamentaria (Mecanismo de rendición de cuentas. En España el control parlamentario del CNI está específicamente previsto) que no ha habido espionaje masivo. Salvando las distancias, me recuerda a la escena de Skyfall en la que M, la directora del MI6 y jefa de James Bond, habla de las amenazas que acechan en las sombras. El Estado de Derecho debería tener, por tanto, agentes que peleen en la oscuridad.

Siempre me interesa el efecto que puede tener una película sobre el público. Con Snowden me surge la duda de si el debate acabará simplificándose de manera maniquea entre quienes colocan la privacidad por encima y quienes hacen lo propio con la seguridad. Espero que los primeros tomen conciencia de la responsabilidad que hay que tener en el uso de las redes sociales y en las exigencias de transparencia a nuestros gobiernos. De los segundos igual sale una nueva tanda de espías. Si os interesa, el CNI está contratando (a causa de la amenaza yihadista) y las pruebas no son nada aburridas. Al fin y al cabo, los espías también se modernizan.

El dilema entre seguridad y privacidad no se ha resuelto. Las amenazas vienen de todas partes y quizás deberíamos estar dispuestos a ceder cuotas de intimidad a cambio de vivir tranquilos. Aunque nadie nos puede jurar que vender ese espacio de libertad de conciencia para conseguir orden no traiga consigo una nueva amenaza a nuestra seguridad y a nuestra libertad. El mismo Snowden plantea en la película que tuvo que actuar porque lo que hace el gobierno americano es el primer paso hacia la tiranía. Quis custodet ipsos custodes?

Aunque nuestros nombres no aparezcan en la lista de créditos, nosotros también aparecemos en Snowden. Somos todas aquellas personas que están viendo sus derechos vulnerados por invocación de un fin superior. Como actores en escena, tenemos que tomar una decisión: ¿preferimos una sociedad que vigile al poder… o que el poder vigile a la sociedad?

Snowden espiando a los espías

EXTRA: Los primeros tuits de las cuentas de Edward Snowden y la CIA.

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1 comentario

  • Un aspecto fundamental, necesario aunque no suficiente, para vigilar al vigilante, es la regulación de secretos oficiales que opere en el país con servicios de inteligencia. En EEUU tienen la NARA que obliga a que cualquier información clasificada pase a ser pública automáticamente a los 25 años. No debería haber duda del efecto desincentivador que esto tiene para que los servicios de inteligencia no se extralimiten más allá de sus competencias legales. Aun así, como vemos en EEUU: ocurre.

    En España nuestra arcaica Ley de Secretos Oficiales (1968) exige que un alto mando del Gobierno interceda para la desclasificación de determinada información. Estamos lejos de vigilar al vigilante.

    A pesar de que la situación en EEUU es compleja ya me gustaría que en España incorporásemos parte de su acervo cultural y legislativo sobre transparencia.

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