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Análisis preliminar 20D: Politólog@s De Guardia

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Los resultados del 20D van a traer ríos de tinta. Antes de eso, en Cámara Cívica os traemos el análisis preliminar de nuestros Politólogos de Guardia. Cada uno es especialista en un ámbito y aporta un enfoque diferente. Conforme vaya surgiendo más información iremos actualizando este post.

Elecciones 20D

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UN PARLAMENTO FRACTURADOManu Rodríguez

Tras el 20D en el nuevo Congreso de los Diputados van a tener que sentarse a hablar. La fragmentación obliga al diálogo. Tras cuatro años de mayoría absoluta del Partido Popular, el diálogo y la negociación parece que va a ser el principal cambio. El problema es sobre qué se habla.

Pongamos un ejemplo: A Antonio le gustan las vacaciones en la playa y es del Real Madrid. Beatriz prefiere montaña y es del Madrid. Cecilia prefiere playa pero es del Barça. En función de lo que hablen, las mayorías serán diferentes. En fútbol Antonio y Beatriz estarían contra Cecilia. Para elegir vacaciones, Beatriz se quedaría sola o la obligarían a ir a la playa.

En nuestro ejemplo, el equipo de fútbol y el destino de vacaciones es lo que llamamos cleavages. Son las fracturas que estructuran la sociedad. Según el tema del que hablemos habrá coaliciones y acuerdos de una u otra forma. Dependiendo del cleavage (fractura), podríamos ver:

a) Izquierdas (173) vs. derechas (177):

PSOE (90) – Podemos (69) – IU-UP (2) – ERC (9) – EH Bildu (2) vs. PP (123) – Ciudadanos (40) – DiL (8) – PNV (6) – CC (1)

b) “Partidos analógicos (215) vs. “Partidos digitales” (109)

PP (123) – PSOE (90) – IU (2) vs. Podemos (69) – Ciudadanos (40)

c) Centro-Unidad nacional (253) vs. Periferia-plurinacionalidad (97):

PP (123) – PSOE (90) – Ciudadanos (40) vs. Podemos (69) – ERC (9) – DiL (8) – PNV (6) – IU-UP (2) – EH Bildu (2) – CC (1).

Estas posiciones no se dan de forma pura. Ahora bien, la pregunta clave es: ¿alrededor de qué fractura se articularán los acuerdos de gobierno? Si Ciudadanos cumple su palabra y se abstiene, el escenario más probable sugiere un Gobierno del PSOE. Si no, es posible que el PP vuelva a formar gobierno.

Ahora bien… si la fractura central pasa a ser “partidos analógicos-partidos digitales”… ¿veremos una Gran Coalición entre el PP y el PSOE?

 

SÍ SE PUDO; SÍ SE PUEDE – Fernando Ntutumu Sanchis

Sí se puede. Estos resultados electorales demuestran que no hay excusa que valga.

Como enseñan en cualquier programa de Ciencias Políticas, y estos comicios demuestran, el voto ha sido, es y será el factor más determinante del resultado electoral. ¿Efectos desproporcionales del sistema? Sí, pero nada más proporcional y proporcionado que muchos votos bien empleados. Ahora, eso no exime al sistema de ser revisado con argumentos.

Unos resultados, éstos, que pueden interpretarse como un mensaje claro para aquellos que denominaron a Podemos “flash party”. Yo lo hice. Yo condicioné su supervivencia a un concienzudo proceso de consolidación y de desvinculación de las marcas “Podemos” y “Pablo Iglesias”. Y lo han hecho: han llevado a cabo un proceso de consolidación institucional y una estrategia política ejemplar; han sabido ocupar los conjuntos vacíos del lenguaje y comunicar mejor que la que llaman vieja izquierda y de la que en cierta medida proceden; y han conseguido resquebrajar en las urnas lo que tanto han denunciado –el bipartidismo– y que ahora renombran, en esa misma estrategia de comunicación, como turnismo (en referencia al turnismo de la Restauración en España).

Será, en definitiva, una legislatura que necesariamente deberá estar marcada por lo que Daniel Innerarity anuncia que caracterizará La política en tiempos de indignación (2015): por el consenso, por el pacto, por el diálogo (tanto si gobierna la derecha como la izquierda). Y… ¡atención! En esa línea, en la de comprender la necesidad de diálogo, no deberíamos perder de vista la fuerte influencia que van a tener los representantes del tenso contexto plurinacional en un tablero político que se divide casi al 50% entre izquierda y derecha (contando con los Partidos de Ámbito No Estatal). ¿Puede contar el PP ahora con ERC y DL? Pongámoslo en duda.

Paradójicamente serán determinantes quienes más han sido ignorados en los últimos años: los de abajo y las nacionalidades.

 

PONIENDO LAS ENCUESTAS A PRUEBABasilio Moreno Peralta

La jornada electoral de hoy ha supuesto el mayor reto que se recuerda para sociólogos y politólogos españoles. La entrada de Podemos (junto a sus diferentes coaliciones autonómicas) y Ciudadanos en la arena electoral estatal significaba un nuevo reto para las mediciones de opinión pública. En primer lugar, porque la caída en apoyos de PP y PSOE ha sido tan grande que ha supuesto un cambio cualitativo en la composición del electorado, y no simplemente una modificación relativa de los apoyos recibidos por los mismos partidos. En segundo lugar, la nueva oferta partidista también ha acarreado mayores niveles de indecisión entre los votantes, quizás teniendo en cuenta la dificultad de predecir el impacto del voto no solo en la competencia por escaños dentro de la circunscripción sino las consecuencias parlamentarias también.

Tal panorama hacía muy complicado apostar por la fiabilidad de las encuestas electorales. Sin embargo, el resultado final encaja bastante bien con la estimación obtenida de un promedio calculado con todas las encuestas disponibles durante la legislatura (340), como ilustra el gráfico que acompaña esta sección.

BASILIO

No culparé al lector que haya leído la última sentencia con cierta desconfianza y escepticismo. La estimación plasmada en el gráfico por los puntos y barras verticales de colores representan el resultado más probable y su intervalo de confianza del 95% considerando las encuestas publicadas hasta el mismo sábado 19, es decir, con los famosos informes del mercado de frutas andorrano. De no ser así, la estimación del modelo con datos publicados hasta el día 14 habría errado en el orden de Podemos y Ciudadanos, alejándose aún más del resultado real con ambos. Por otra parte, es justo decir que se habría reducido el error relativo al PP. En cualquier caso, sirva este ejercicio como una llamamiento a la reflexión acerca de cuál es la utilidad de imponer prohibiciones legales a la publicación de encuestas al final de la campaña, especialmente en un escenario en el que tales restricciones devienen inefectivas a través del simple recurso a la metáfora.

 

¿QUÉ HA SUCEDIDO HOY CON LA PARTICIPACIÓN ELECTORAL?María Luque

Ya sobre las 12 de la mañana, el primer avance de participación fue recibido con sorpresa: ¿Un 37,02% frente al 37,88% del cajón registro de las últimas presidenciales? Las manos – las teclas – y las mentes de analistas varios y politólogos comenzaban a formar una agradable amalgama de garabatos, comportamiento errático o ‘herding behavior’ como acertadamente y con cierta sorna apuntó Pau Marí Klose.

El ciudadano medio contemplaba, además, con cierta sorpresa el asombro de sus legítimos especialistas oficiales, el contraste de los datos con la realidad que encontraban a pie de urna llamaba la atención: ¿Cómo es posible que se alarmen con los datos de participación, cuando yo no recuerdo unas elecciones en las que me encontrara tanta masificación en el colegio electoral? Tanta masificación y tanta emoción contenida. Esta vez, no de manera consciente tal y como hiciera Podemos en su campaña electoral, si no entre líneas, se estaba creando una disonancia cognitiva, tanto en el ciudadano que acudía a las urnas – ¡Qué de gente! ..¿Qué.. Menos participación que en 2011?- como en el especialista: ¿Cómo es posible que tengamos esta masificación en los colegios, se trate de unas elecciones de ‘cambio’, y la participación sea comparativamente más baja que las últimas elecciones inmovilistas, de voto castigo?

Muchos estuvieron- estuvimos- a punto de mandar a tomar viento la validez de esos famosos meta-mecanismos causales que los grandes de nuestra rama garabatearon en el imaginario colectivo mediante datos e hipótesis acerca del comportamiento electoral del español medio: Mire usted, que en España los incentivos a la participación se disparan en elecciones de cambio, -las que crean una mayor percepción de utilidad del voto- y decrecen cuando no se vislumbra posibilidad de cambio, de crear una brecha o impacto cualitativamente positivo para usted. Que en España, como decían Montero y Lago, se da un voto preeminentemente ideológico, y como creemos en los condicionantes socio-económicos y de oportunidad política, el pobre o el medio pobre, que vota a la izquierda, y le cuesta más movilizarse, cuando se decide a hacerlo en masa provoca oleadas a la izquierda del espectro ideológico en unas elecciones. Algo que ya, -también presa de cierto nerviosismo – se atrevieron a relativizar cautamente aquí, sobre el mediodía. Que si no funcionamos con estos incentivos, qué nos moviliza al voto: ¿La percepción de utilidad, la circunstancialidad -cenas de navidad aparte-, la educación, el coste de oportunidad? Para aquello de las 15 de la tarde, muchos politólogos escribían a Jon Elster para que les devolviera el dinero del famoso “Más tuercas y tornillos”.

Pero nada más allá de la realidad. Nuestros analistas, al igual que sucede en todo campo en el que comienza a haber atisbos de sistematización de mecanismos de comportamiento, se pierden en la cómoda trazabilidad de su propia racionalidad. Tuvimos, durante horas, un pequeño dato en la tabla de avances electorales de la página del MIR que habríamos pasado por alto si nadie hubiera recaído en ello y alarmado, -erráticamente, como sucedió-, al resto: En estas elecciones, disponíamos de alrededor de 10.000 mesas electorales menos que en las últimas elecciones. Claro, ahora se explica la masificación en los colegios. Así cualquiera, diríamos. Nos desquitamos de la disonancia de la masa del demos y los datos que no casan. Ahora, los números. Tenemos elecciones de cambio y la media de los años estrella – 1977, 1982, 1996 y 2004- si los cálculos no fallan, es de un 78% de la participación cuando los españoles nos ponemos serios. ¿Llegaríamos a esa cifra con los datos irrisorios de que disponíamos a media tarde? A veces, a los expertos, se nos olvida tener en cuenta los dichos, las frases célebres, el saber popular: Por poco medido que estuviera, los jóvenes salen tarde de casa a ejercer el voto, cuando lo hacen. En cuestión de incentivos, los esperábamos en las urnas – eran una buena bolsa de votantes para los partidos del cambio-. Más allá de los jóvenes: Aquellos que anoche tuvieron cena de empresa, cena de amigos porque se van al pueblo a celebrar, cena en casa, tapas de sábado, sencilla tranquilidad. Cosas circunstanciales. A veces se nos olvida ver a personas más allá de los datos, como dijera Angus Deaton. Pero, un 73,21%. De eso hablaremos en otro momento.

 

LOS CANDIDATOS SE POSICIONAN Pablo González Rojas

Mariano Rajoy (PP):

El actual Presidente del Gobierno ha hecho especial énfasis en la legitimidad de su partido para formar gobierno, dado el resultado. También ha recordado la necesidad de estabilidad política de el país mientras se ha querido mostrar, como el único candidato que garantizaba la gobernabilidad. El Presidente pedía (a Ciudadanos y PSOE) apoyo -o abstención- para “España”.

Pedro Sánchez (PSOE):

El Secretario General del Partido Socialista cree que la legitimidad para intentar formar gobierno corresponde a la primera fuerza, mientras se coloca en segunda fila, a sabiendas de la dificultad de pactar, dada la fragmentación del Congreso. Queda a la espera de las posiciones del resto de partidos, de los cuales necesita el apoyo para mantenerse como líder de un partido que ha tenido buenos resultados donde se encuentran sus detractores.

Pablo Iglesias (Podemos):

El líder del partido morado celebra el fin del “turnismo” haciendo una correlación entre sus propuestas y su victoria, estableciendo así sus líneas rojas: reconocimiento de la plurinacionalidad, blindaje de los derechos sociales -vivienda, sanidad, educación-, y reforma de las instituciones y del sistema electoral.

Albert Rivera (Ciudadanos):

El Presidente de Ciudadanos ha situado a su partido como el “nuevo centro político”, un nuevo eje que será decisivo para formar nuevas mayorías.

Se ha situado dispuesto a hablar con todos, pero no a cualquier precio. Sus lineas rojas: “igualdad, libertad, unión y solidaridad” y la defensa de la legalidad vigente.

Alberto Garzón (IU):

El candidato de Izquierda Unida ha descartado pactos, a la vez que ha hecho una defensa férrea de su ideario, haciendo hincapié en la injusticia, por desproporción, del sistema electoral actual. Ha aprovechado la ocasión para ilustrar que la necesaria unión de la izquierda hubiera obtenido mejores resultados.

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