La casa de papel y sus mujeres empoderadas

Antes que nada y para poneros en sobre aviso, me considero muy fan de la serie. Probablemente sea porque la voz cantante la llevan las mujeres en el desarrollo de la trama de esta serie de Netflix, entre otras cosas. Este artículo no pretende ser una crítica al trabajo detrás de la producción ni una alabanza a los puntos feministas conquistados, sino más bien un análisis de género -a muy grandes rasgos- de una espectadora a la que le gustaría debatir sobre el background feminista de la serie. Por cierto: ¡ALERTA SPOILERS!

En primer lugar tenemos a la narradora: Tokio (interpretada por Úrsula Corberó), una atracadora de unos treinta años a la que la policía busca tras el asalto a un furgón en el que muere su novio tiroteado por un guardia de seguridad. Este personaje resulta muy necesario para la ficción. Tenemos una mujer visceral, de las que actúan y luego recapacitan, que no tiene miedo de romper las reglas: se viste como quiere, disfruta de su sexualidad con quien quiere -tenga 12 años más o menos que ella- y prioriza su código ético al del resto. Además, es una compañera leal que recapacita sobre sus errores a lo largo de la trama, lo que nos muestra a una mujer llena de matices y contradicciones (como pasa con la mayoría de los personajes de la serie). Aunque a priori no tiene un peso especial dentro del grupo de atracadores, se le presta una atención por ser la narradora y porque no tiene miedo de plantarle cara al Profesor (Álvaro Morte) o a Berlín (Pablo Alonso) – hombres al mando fuera y dentro de la Fábrica – cuando no está de acuerdo con ellos.

La otra mujer de la banda es Nairobi (Alba Flores), falsificadora de billetes desde los 13 años, madre a la que le quitaron la custodia de su hijo por posesión de drogas. No duda en relevar a Berlín cuando la cosa se pone fea dentro de la Fábrica de Moneda y Timbre y no se avergüenza de sentirse atraída y rechazada por El Profesor. Intentando ser lo más objetiva posible, este personaje es el que mejor hace las cosas y es fácil que se convierta en el favorito de la audiencia. Trabaja a favor del grupo siendo fiel al plan a la par que cuida de los rehenes. Me parece digno de recordar el momento en el que uno de los rehenes, Torres, obligado a falsificar billetes de 50€, le agradece ser la mejor jefa que ha tenido nunca por su amabilidad y reconocimiento a los trabajadores. Es la loba alfa de la manada.

La relación entre Tokio y Nairobi es muy buena. Se hacen amigas rápidamente y protagonizan bastantes escenas a solas en las que no hablan de hombres. Test de Bechdel aprobado.

Llegados a este punto es necesario hacer balance: la banda está formada por ocho miembros -nueve si contamos al Profesor- y sólo dos son mujeres (no nos gusta). A pesar de esta elección, los propios guionistas hacen autocrítica en el primer capítulo, cuando Tokio comenta que el plan no puede salir bien con tan pocas mujeres (nos gusta). Para ser justos hay que decir que aunque las mujeres sean minoritarias en la banda, demuestran tener más capacidad de liderazgo que el resto de sus compañeros.

Fuera de la banda tenemos a otras mujeres protagonistas muy relevantes en el desarrollo de la trama.

Por una parte, tenemos a la agente de policía a cargo de la negociación, Raquel Murillo (Itziar Ituño) muy cualificada dentro de un mundo de hombres en el que se encuentra su ex marido, maltratador que, tras su divorcio, establece una relación amorosa con la hermana de Raquel. Preocupada por la integridad de su hermana, Raquel le denuncia por malos tratos. La demora de Raquel en poner la demanda, asustada por las consecuencias en el cuerpo policial y la estabilidad de su hija, hace que todos duden de la veracidad de esta denuncia. A pesar de enamorarse del Profesor, no duda en hacerle frente cuando descubre su identidad y no es hasta que ella empieza a creer en el buen propósito –por definirlo de alguna manera- de la banda cuando se decide a encubrirle. En ningún momento antepone los objetivos de su amado a los suyos y no duda en recriminarle por haberla sometido a acoso sexual – todavía me duele ese “¿cómo va vestida, Inspectora?” durante la negociación- y hacerle cargo de todos los abusos cometidos amparado por el pseudónimo de Profesor. Muy destacable como Raquel, al ser destituida de la negociación, decide seguir investigando por su cuenta dejándose aconsejar únicamente por su madre (Kiti Mánver), que siempre le ha animado a “correr detrás de los malos”. Dentro del mundo de este personaje, el subinspector Ángel (Fernando Soto) – hombre casado que siempre ha estado enamorado de su compañera Raquel- la somete a chantajes emocionales continuos para que vuelvan a tener algo más. Raquel no castiga especialmente esta actitud de su amigo y compañero, aunque los guionistas sí que lo hacen dejándole en coma tras un accidente de tráfico.

Es un recurso bastante recurrente en la serie, castigar las actitudes machistas de abuso de poder, no mediante las personas de alrededor, sino por las circunstancias que ellos mismos provocan: Berlín muere una vez que el público sabe -por si no estaba claro- que las relaciones sexuales que había mantenido con una rehén, Ariadna (Clara Alvarado), no eran consentidas; Moscú (Paco Tous) le confiesa a su hijo, Denver (Jaime Menéndez Lorente), haber abandonado a su madre en una rotonda poco antes de ser tiroteado por la policía (teniendo en cuenta la auténtica bronca que le echa a Tokio por ser “una mala mujer”, su actitud de hombre que culpa a la mujer queda más que castigada).

Mónica Gaztambide (Esther Acebo) crea más controversia en este aspecto. Se trata de una trabajadora más en la Fábrica de Moneda y Timbre, amante del director Arturo (Enrique Arce) y embarazada de él. Cuando la Fábrica es asaltada y el director le dice que no quiere hacerse cargo de su hijo, decide abortar. No obstante, cambiará de idea al hablar con Denver y definitivamente decidirá tenerlo cuando se enamora de él y deciden criarlo juntos. No voy a entrar en debate sobre el discurso pro-vida que le brinda Denver en el capítulo 1×02, lo que hace que el piloto de nuestras gafas violetas pite es que da la impresión de que Mónica deja que cualquier hombre decida sobre si debe tener un hijo o no. Nairobi también tiene esta conversación con ella y en ningún momento le dice una palabra de más cuando Mónica le comunica que ha decidido abortar. Tanto este personaje como el de Alison (María Pedraza) son a menudo manipulados por Arturo que se dedica en general a poner en peligro al resto de rehenes.

No pasa inadvertida tampoco la presencia de la profesora del Colegio Británico, Mercedes Colmenar (Anna Gras), quien a menudo tiene la voz cantante en el grupo de rehenes. También me parece destacable señalar que es el único personaje con un cuerpo poco corriente en televisión, y este es para mí uno de los puntos flacos de la serie en términos feministas. Hay muchas mujeres poderosas, pero la gran mayoría tiene un cuerpo “muy correcto”. Como espectadora me encantaría ver a una Naorobi con algo de sobrepeso, o quizás la inspectora Raquel podría ser una auténtica masa de músculos como muchas mujeres en el cuerpo policial. Serían detalles que enriquecerían la trama y harían más llamativa la serie dentro de un ámbito televisivo en el que disfrutamos de una amplia variedad de cuerpos masculinos pero sólo hay cabida para mujeres delgadas ligeramente fibrosas –no demasiado, no vaya a asustarse nadie. No es ninguna locura, recordemos que ya hay muchas series de Netflix y HBO que han dado este paso (Orange is the new black, Girls, Big Little Lies…) y no estaría de más que España se uniese a este avance.

Y quiero terminar señalando que también hay una carencia muy marcada de homosexuales en la serie. Helsinki (Darko Peric) es el único gay reconocido en la trama y esta confesión resulta graciosa entre sus compañeros, especialmente para Nairobi.

En resumen, La casa de papel resulta una serie llena de roles femeninos fuertes y hay algo en el guión de castigo a la opresión de la mujer. No obstante, hay aún mucho camino que trazar para conseguir una igualdad real en el panorama televisivo y que mujeres de todo tipo que de verdad sean un reflejo de nuestra sociedad puedan proclamar, y cito a Nairobi: “comienza el matriarcado”.

Escrito por Paula Díaz.